De dolor y desamparo
La periodista Isabel Villar realizó un informe acerca del mes de abril, donde, con inusual precisión, nos desayunamos de la cantidad de muertes de mujeres víctimas de la violencia prejuiciosa que en sólo un mes ocurrieron.
Lo interesante es que nos asombramos cuando alguien se ha tomado el trabajo de hacer un seguimiento y plasmarlo en un informe para que nos demos cuenta de lo desatentos que somos o de que, por distintas formas, nos hacen perder la sensibilidad y continuidad de la información, pensando que lo que pasó ayer nada tiene que ver con el hoy.
Pocos días antes de la agitada votación de la ley de defensa de salud reproductiva, fue realizada una nota de Isabel Villar, pero parece que «no se tuvo en cuenta».
En esos días también aparecieron algunos personajes proponiendo delimitar la ciudad para el ejercicio de prostitución, con un discurso prejuicioso y discriminatorio, tratando de enjaular determinadas realidades sin preguntarse nada acerca del crecimiento de la prostitución y de que cada vez sean más jóvenes quienes la ejercen.
Sólo se argumentaba lo que él o ellos creen que es moral.
También en esos días previos a la discusión y votación de la ley de salud reproductiva, aparece otra noticia cruel que realmente es de importancia y en esos momentos era significativa. Lo extraño es que hoy nada sabemos acerca de qué sucedió con la mujer encontrada muerta en la calle, desangrada por empalamiento.
He tratado de buscar en la prensa desde aquel entonces y, con la orientación de Isabel Villar, de prestar atención y tener un seguimiento de qué ha dicho la prensa hasta hoy.
Sólo se ha dicho que se sospecha que sea un suicidio. Es de poco creer, a mi poco entender. Pero si fuera así, esta sociedad tendría que pensar con mayor rigurosidad sobre la problemática del suicidio en nuestro país, que tiene diversos orígenes, complejidades y tragedias.
«Periodistas» recientemente han agraviado a dos mujeres reconocidas por su solvencia y laboriosidad. Por suerte la solidaridad con ellas ha sido mucha, pero el daño está hecho y a esta sociedad le queda mucho debate por delante para desterrar la chabacanería, el sensacionalismo al que se apela, tratando de aparecer como preocupados por las problemáticas, como transgresores, y sin embargo, su discurso es de reafirmación del neoliberalismo, donde nada sirve: ni la justicia, ni el Estado de derecho, ni los derechos civiles individuales, ni siquiera la vida íntima como tampoco la libertad de hacer con uno lo que uno quiera hacer.
Hay mucho para debatir. Algunos creen que pueden decir algo acerca de la sexualidad, el placer, el cuidado, la libertad… Otros ya lo han hecho, desde el prejuicio, la segregación y la condena, en nombre de la moral, la vida, la civilización.
Del agravio al empalamiento, quizás el paso a dar sea mucho más pequeño de lo que creemos.
Lo que ocurre hoy en Irak y los prisioneros de guerra sometidos a vejámenes sexuales, nos da, lamentablemente, algo de razón.
El esclarecimiento del crimen de la calle Paraguay y Venezuela se tiene que efectivizar, pues ocurrió en un momento particular y no queremos pensar en un hecho con direccionalidad intencionada.
Su esclarecimiento es de importancia, pues se trata de la pérdida de la vida humana con connotaciones trágicas.
No alcanza con decir que la víctima «ejercía la prostitución» y «tenía problemas psiquiátricos», quizás los dos estigmas más viejos y prejuiciosos sobre la mujer.
Cuando se odia a una mujer, el agravio es de loca y puta y si no, recordemos a las madres de Plaza de Mayo, llamadas por Videla y la prensa genocida «las locas». *
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