Posibles acuerdos programáticos
Para hacer política hay que saber historia como factor primigenio. Quien conoce el pasado no se pisa el «palito» en el futuro.
En distintas épocas la misma se repite en hechos y resultados similares y parecidos. Repasémosla entonces. Napoleón en sus 100 días de la vuelta en la isla de Elba, fue levantando al pueblo francés que lo seguía en su camino a París con fanática entrega y adhesión. Era el «alma» misma de la «Francia eterna» como les gusta llamarse, que habiendo sido liberada de regímenes monárquicos y oligárquicos feroces, acompañaba ciegamente a su caudillo emperador que los puso en el pináculo de una gloriosa epopeya.
Cuando entra en las Tullerías y se sienta en el sillón imperial de nuevo, mirando a su alrededor presencia a su pueblo integral. Gorros frigios, picas, fusiles por doquier. Su fiel soldadesca, campesinos, obreros y gente humilde que le brinda tributo y reconocimiento.
Pero lo que no ve en su torno, es a ninguno de sus grandes generales y gente de gobierno. Está solo con su pueblo.
En ese momento, se abren las puertas del atrio y por la calle central entró la enjuta figura vestida de negro como su alma, del ex ministro del interior José Fouchet.
El último personaje que el gran Corso hubiese querido ver. Sabía de sobra que era un gran corrupto y mejor traidor. Pero era en solitario el único experiente que se ofrecía haciéndose presente. No tenía más remedio que transar con él.
A la semana estaba programando traicionarlo por la espalda. Sólo duró 100 días. No pudo contra las fuerzas de los imperios, una oligarquía monárquica aristocrática y traidores que lo socavaron. Y fue nada menos que Napoleón. Un genio. Bien. A la izquierda uruguaya, salvando las obvias distancias, le puede pasar algo parecido.
Después de muchos años de frustraciones, pueden llegar al poder. Por un lado el Frente y por el otro Larrañaga. Se me dirá que primero es ganar. Y es lícito. ¿Pero después qué se hace?
Vayamos por partes. Los dos tienen problemas similares aunque subsanables.
El gaucho tiene su plan de gobierno progresista impreso y publicitado. Tabaré lo tendrá en «máquinas» supongo. Esa primera parte estaría cubierta u obviada en primera instancia.
El problema es el funcionamiento del mismo. Larrañaga tiene su equipo pero deberá «convivir» con el «resto» del Partido. Y allí está el nudo gordiano. Es obvio que en el equipo de Alianza no «calza» de ministro de Hacienda o ideólogo económico De Posadas ni en Cultura Mercader o en el BROU la contadora Mederos. Por decir algo.
Lacalle es el patrón de ese «paquete» y flor de «vivo» abrió el paraguas diciendo que ganando él, el vice será el que entre segundo.
O sea, en ese caso, nuestro (espero no ser yo…) o Cristina Maeso, (sin comentario).
En buen romance, en ese esquema nosotros hablamos en euskera y los otros en finlandés.
Al Frente le puede pasar algo similar. Lo que tiene, dicho con respeto, como equipo es inexperiente y me animaría a decir insuficiente. Máxime con las diferencias internas sustanciales que sufren. Las mismas se marcan permanentemente a diario.
De ganar, al único que pueden recurrir de «afuera» para coaliciones o gobernabilidades «amistosamente» es con Larrañaga.
No es pensable que Tabaré recurra a Ramón Díaz para economía ni se le puede ocurrir a Jaime Mario Trobo de vuelta para un Ministerio de Deportes. ¡Sería descacharrante!
Y el Partido Colorado es a todas luces el más feroz enemigo de toda propuesta programática de izquierda. Es entonces de lógica amalgamar una alquimia posible política de «acuerdos» entre los progresistas que opinan parecido.
Los Fouchet batllistas o cuquistas no pueden aparecer so pena que se repita el drama napoleónico.
Leáse, que no se puede pensar en «comprar», cosa común en política, personajes impuestos por la oposición o grupo de intereses como la banca, bolsa de valores, grupos empresariales multinacionales, colectividades vinculadas a las «fiducias», etc., que muy «nerviosos» se reúnen permanentemente.
Los que planteamos soluciones de independencia nacionalista americanas de los imperios, bloques económicos foráneos y oligarquías vernáculas, antes o después es inevitable que «charlemos».
No me gustaría terminar con nuestros sueños en otra isla de Santa Elena como Napoleón por quedar en soledad y sin apoyos. De lo contrario no pasará el próximo gobierno de ser otro «gatopardo». Cambiar alguna cosita para que todo siga como está. *
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