Los fenómenos mediáticos

Cuando el economista Carlos Viera mencionó la situación del sector agropecuario que, en base a la estrategia del Poder Ejecutivo, es el que está recibiendo –además de los exportadores– los beneficios del incipiente crecimiento del país, el escándalo mediático fue insólitamente generalizado. La mayoría de los medios de prensa se lanzaron contra el economista, tratando de hacer astillas del presunto árbol caído, en una campaña con un contenido de agresividad de repetidas características.

Fue otra oportunidad para tratar de contraponer intereses sectoriales a algunas ideas que tienen quienes están planificando un plan de gobierno justo y equitativo, para el próximo período. Por supuesto que la tormenta fue de corta duración, pese a que el bombardeo fue de alta intensidad. Ni Viera fue excluido del Departamento de Programa de la coalición de izquierda, ni nadie salió a aclarar un concepto que era de evidente justicia. El economista lo que había dicho era nada más y nada menos que aparece como necesario establecer una reforma tributaria, reasignando con mayor justicia las cargas.

El tiempo ha pasado y los hechos se suceden, lo cual permite aclarar algunos conceptos que sirven rápidamente para mostrar la contracara de esa justiciera política tributaria que, entre líneas, propuso Viera. El gobierno, luego de llorisqueos mediáticos, buscó y encontró el momento para aumentar las tarifas de UTE, OSE y el precio de los combustibles. Más allá de algunas determinantes externas que conforman los nuevos precios (aumento de precio del barril de petróleo, la falta de energía, resultante de diversos factores, crisis energética argentina, falta de agua en los embalses de las represas hidroeléctricas, por lo cual debió recurrirse a las centrales térmicas), es evidente que existe toda una política vinculada a los acuerdos con el FMI que, obviamente, establece fechas, de cadencia cuatrimestral, para determinar incrementos.

En esta oportunidad –como no podía ser de otra forma con la guiñada del FMI– se postergaron algunas semanas los incrementos que, como el lector habrá advertido, determinan un incremento de impuestos que pasan a engrosar lo que se aporta a Rentas Generales. ¿Por qué el gobierno no resolvió aumentar el combustible en base al incremento de los insumos, manteniendo igual la carga impositiva, lo que hubiera sido un alivio para la población? Por otra parte, nuevamente, se recurre a los precios diferenciales, afectando en esta oportunidad a los llamados grandes consumidores, quienes deberán pagar el fluido eléctrico un diez por ciento más caro, mientras que el incremento generalizado será del 5,5%. ¿Y quiénes son los grandes consumidores? Nada más y nada menos que los industriales, quienes para mover las máquinas de sus empresas deben recurrir a un alto consumo de energía.

Sería bueno que quienes provocaron la conflagración mediática cuando Viera dijo algo en lo que todos coinciden, analizaran lo que está haciendo el gobierno, trasladando directamente a la población los nuevos costos y sancionando a quienes más la utilizan, incrementando porcentualmente la carga impositiva. Algo parecido –es del caso señalarlo– al mecanismo que se ha establecido con los combustibles pesados.

Mientras tanto, Alfie y Davrieux siguen contentos, recibiendo en Rentas Generales la cuota parte de los impuestos que se incrementan paralelamente al precio de las tarifas. *

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