Luego de la Ley de Urgencia

Crónica de triunfadores y derrotados

Como consecuencia de la aprobación de la llamada Ley de Urgencia, podemos hacer algunas consideraciones, que si no fuera por su dramatismo, deberíamos calificar de deportivas, hablando por ejemplo de derrotados y triunfadores. Entre los primeros están los trabajadores de este país, los productores agropecuarios, pequeños, medianos y grandes, los empresarios y por supuesto los que, por la vía de la Ley de Seguridad Ciudadana deberán sufrir mayores penas por los delitos a que son impulsados por el hambre que tiene como basamento la creciente marginación. Uno de los ganadores de todo este desaguisado legislativo puede ser el Herrerismo que logró, finalmente, luego de insistir por casi cinco años, que se aprobasen normas punitivas que consisten, únicamente, en el aumento de las penas y no contemplan soluciones de fondo que eviten el aumento de la delincuencia.

También pueden estar contentos y sentirse triunfadores porque lograron instaurar otro organismo para instalar burócratas (léase correligionarios a quienes les deben favores políticos), con la creación del Ministerio del Deporte y la Juventud, lo que formaba parte del pacto político realizado con el Partido Colorado, que determina que el sector que lidera Luis A. Lacalle consiga otra cartera en el Gabinete. Es otra parte del precio con el cual el Partido Colorado paga los votos que recibiera en el balotaje desde tiendas de su tradicional adversario político

En ocasiones en política, es verdad, uno puede sentirse ingenuo, y preguntarse como en este caso: ¿para qué enviaron al Parlamento ese proyecto de ley con declaratoria de urgente consideración, cuando casi ninguna de las medidas propuestas soluciona los temas urgentes en el país? Lo que consiguieron, por la vía rápida, son algunas privatizaciones que, por supuesto, hubiesen requerido otro tipo de discusión.

Si hay triunfadores –volviendo al lenguaje deportivo– su alegría se diluirá en un muy corto plazo, porque la realidad siempre aparece a la vuelta de la esquina, mostrando que todo ese esfuerzo no les habrá servido para resolver ninguno de los problemas que se viven en esta difícil coyuntura por la que atraviesa el país. Pero además debemos preguntarnos: ¿qué objetivo tenía enviar esta iniciativa al Parlamento, manteniéndolo paralizado durante setenta y cinco días, para lograr estos tan discutibles resultados? Salvo que para algunos (los herreristas) el hecho de conseguir otro ministerio represente un resultado trascendental.

Los que perdieron también fueron aquellos que creyeron que el acuerdo de seis puntos concretado por la actual coalición de gobierno –la evidencia lo muestra– no tenía muy claro lo que significaba llevarlo adelante. Coalición que hoy no sabe tampoco –más allá de las ingeniosas «salidas», en una y otra dirección, del Presidente de la República– qué hacer con la problemática que abruma al país. Entre los perdidosos de este proceso, primera acción parlamentaria de la nueva coalición de gobierno, está también el propio Parlamento Nacional que se vio sometido a trabajar en una serie de textos plagados de errores y para sostener medidas también erráticas, que deberán ser reformadas en el corto plazo con nuevas leyes, para poder ser aplicadas. Un Parlamento que fue subutilizado como consecuencia del mecanismo del brazo enyesado, en que la inteligencia humana no se puso en juego para mejorar las iniciativas. El ingenio de los legisladores del gobierno estuvo centrado en intentar demostrar, durante el debate en Cámara, que lo erróneo era plausible y que lo negativo era positivo.

Vivimos en un país que terminó su anterior ejercicio con un déficit de 816 millones de dólares, pese a que el gobierno del doctor Sanguinetti sostuvo hasta el final de su mandato que uno de sus objetivos centrales era la reducción del mismo. Cuando los legisladores frentistas afirmamos –equivocadamente, porque finalmente fue mucho más– que ese déficit rondaría los 750 millones de dólares se utilizó, a diestra y siniestra, el mote de mentirosos para definirnos.

Ahora, cuando decimos que esta Ley de Urgencia es negativa para los intereses del país, que la mayoría de las iniciativas lo único que hace es mostrar que el camino elegido por el gobierno es el mismo que seguía el anterior, que tuvo como resultado ese déficit y la actual situación del país, que se desangra por sus cuatro costados, nos encontramos con la patética sonrisa de los integrantes de la coalición de gobierno que –más allá de estas iniciativas de «urgencia»– han mostrado que su camino es el de siempre. El ministro de Economía fue explícito al respecto cuando informó que había que concretar una nueva distribución negativa del ingreso, utilizando el arbitrio de la rebaja salarial, que también significa reducción del mercado, menos producción, más endeudamiento. En definitiva, más pobreza.

¡Así estamos!

* Diputado del EP-FA

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