La reactivación económica
El último informe oficial del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre el poder adquisitivo de los salarios echa por tierra las optimistas afirmaciones oficiales que lanzan las campanas al vuelo anunciando el fin de la crisis y el consiguiente inicio de la reactivación.
En efecto, el mes de abril registró una caída del poder adquisitivo de los salarios del orden de 1,08 por ciento, con lo que el descenso acumulado en 2004 se sitúa en 0,9 por ciento y el de los últimos doce meses, en 1,54.
Con estas cifras, ¿puede sensatamente hablarse de recuperación económica? ¿Puede alguien honestamente sentirse satisfecho con la marcha de la economía si en los últimos cinco años se duplicó el número de pobres en el país y el salario real de 2003 representa apenas las tres cuartas partes del de hace cinco años?
Y si nos detenemos en las cifras correspondientes a la masa salarial –que resulta de la caída del salario real unida al aumento del desempleo–, tenemos una pérdida en los ingresos de los asalariados del orden del treinta por ciento, de donde puede fácilmente concluirse que cuando se habla de recesión y de retracción del mercado interno, se está hablando de una realidad perfectamente medible y no de un capricho o de una afirmación lanzada de manera irresponsable. ¿A qué reactivación se refieren los jerarcas gubernamentales y los analistas afiliados al credo neoliberal? ¿Es posible la recuperación de la economía con un mercado interno que sigue deprimido y que nada hace suponer que mejore?
Los tecnócratas se frotan las manos por el aumento (innegable) de las exportaciones porque con ello algunos indicadores exhiben cierta pequeña mejoría. Parecen olvidar que la economía es una ciencia humana y que su fin último es mejorar la calidad de vida de la gente; de toda la gente y no de un pequeño grupo de privilegiados. ¿De qué vale un aumento de las exportaciones o del PBI si las grandes mayorías se ven excluidas de sus supuestos beneficios? *
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