Cerrar el camino al engaño rosado

En la contratapa de LA REPUBLICA del 31/5/04, del compañero Hugo Cores –en un artículo que comparto totalmente– explica por qué si queremos ganar en octubre, «precisamos más denuncia y movilización». Porque no sólo es verdad que el FA-EP-NM puede ganar las próximas elecciones. También es verdad que es imprescindible ganarlas claramente para evitarle a la mayoría del pueblo uruguayo la prolongación y profundización de las calamidades y sufrimientos que estamos padeciendo. Son impensables cinco años más de coalición «rosada».

Pero para evitar eso tan impensable como nefasto es necesario profundizar en aspectos del discurso y la movilización. Porque yo tampoco «creo en la construcción de un discurso basado en gestos sino en conceptos claros, comprensibles y fácilmente defendibles por un militante de izquierda». Por detrás y junto con ese discurso que desnude todas las calamidades que sufrimos los uruguayos, debe estar la movilización, la protesta indignada ante tanto caradurismo de los responsables de ese sufrimiento.

Porque ahora, en campaña electoral parece que blancos y colorados no son, ni nunca fueron gobierno. Pero lo fueron a través de toda la historia y lo son ahora. No prometan. Hagan ahora que el hambre y la exclusión social no esperan. Para no extenderme, me remito a las denuncias de Cores acerca de la dolorosa e indignante situación social, que pese a la recuperación (de las ganancias de unos pocos) no presenta signos de mejoras perceptibles para el pueblo.

Sólo agrego algunos datos significativos que ha difundido el Equipo de Estudios Económicos del PIT-CNT:

Hay 70.000 desocupados que ya no buscan trabajo. 485.000 ciudadanos no tienen cobertura de seguridad social. 295.000 trabajadores ganan menos de 3.300 pesos. 250.000 trabajadores no tienen trabajo digno. 500.000 personas, donde predominan mujeres, jóvenes o mayores de 50 años no son respetadas en laudos, horarios, descansos y horas extras.

Aparte de lo que antecede, hay que tener en cuenta que los jubilados, sector en que una gran mayoría no gana ni para cubrir las necesidades mínimas, ha sufrido una rebaja del 30 % de sus ingresos en los últimos tres años.

Cuando se dicen estas cosas, los defensores del sistema –aún cuando aceptan que esto es así– nos hablarán de la crisis internacional, la devaluación brasileña, la crisis argentina, la aftosa, etc. etc. Y agregarán que ahora con la recuperación todo mejorará. Saben que esto no es cierto. Que el aumento de las exportaciones se da por razones coyunturales. Que el famoso desarrollo sustentable no se logrará insistiendo en esta política económica.

Y que además del aumento de las exportaciones, con ser positivo, por sí solo me mejora la situación general de la población que sigue sumergida en múltiples calamidades.

Pero no es sólo para decir estas cosas que decidí escribir estas reflexiones: creo que hay que sacar la controversia con los distintos exponentes de los que quieren que todo siga como está, del esquema en que éstos la plantean. Parecería que las malas empezaron en 2002, con la devaluación y el crac bancario. O que a lo sumo gravitaron la devaluación brasileña, la crisis argentina, la aftosa, etc. Existieron esos factores negativos. Pero en todos ellos, la política de blancos y colorados jugó para hacer más grave la situación. Esto prometo desarrollarlo en una reflexión próxima.

Además de dicha reflexión, prometo tratar de fundamentar una profunda convicción que tengo. La situación del Uruguay es el resultado de una larga historia que viene de los albores de nuestra formal independencia como país. Hubo coyunturas externas favorables que se aprovecharon mal; hubo intentos positivos con Batlle y Ordóñez, que chocó con los propios conservadores colorados y los oligarcas blancos, quedando esos intentos a mitad de camino.

En lo fundamental, fueron las luchas obreras y populares, aún en momentos de vacas gordas, las que hicieron que allá por los años 40 y 50 «en el Uruguay se viviera mejor».

Pero a fines de los 50, los blancos completaron la entrega al FMI, con lo que se comenzó a profundizar la crisis económica y a deteriorarse, como consecuencia, paulatinamente la situación social y política.

¡Cuánto se ha mentido y se miente sobre todo esto!

Por eso es necesario discutir con blancos y colorados desde el fondo de la historia. Porque para ellos la historia empieza donde les conviene. Lo demás es «tener ojos en la nuca».

Yo sé que en la izquierda hay investigadores (ya hay trabajos elaborados y mucho material para investigar) que pueden demostrar lo que afirmo aquí. Las causas de lo que nos pasa a los uruguayos vienen desde que comenzamos a existir como país, sobre todo porque quienes se turnaron para gobernar sólo tuvieron presente a Artigas para traicionar sus ideales más profundos. La seguimos. *

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