Tabaré en Buenos Aires

Es sabido que el art. 50 de la Constitución encomienda al Estado la orientación del comercio exterior, la protección de las actividades productivas con destino a la exportación o que reemplacen bienes de importación. Asimismo, que sean leyes las que promuevan las inversiones destinadas a este fin.

Tengo la esperanza de que imbuidos del espíritu de ese artículo 50, estén todos los candidatos a ejercer la jefatura del Estado. Es que su vinculación con el trabajo de los uruguayos es evidente. No tengo dudas que ese es uno de los hilos conductores que llevó a nuestro candidato presidencial a entrevistarse en Buenos Aires con empresarios e inversores de aquella plaza.

Sin embargo, en virtud del éxito y la resonancia que tuvo esa actividad porteña del doctor Tabaré Vázquez, a varios de sus contendores presidenciables les ha brotado la envidia, que como se sabe es una pasión negativa que empequeñece. En Buenos Aires, Tabaré Vázquez planteó algunas pautas necesarias para la actividad privada en una eventual gestión gubernamental bajo su presidencia. Los ecos de esa reunión traen términos adecuados y equilibrados, de acuerdo a cómo ve el encuentrismo la situación general de nuestro país.

Sin embargo, ha llamado a perplejidad la agresividad de los presidentes de la Unión de Exportadores y de la Cámara de Industrias para referirse a esta actividad preelectoral de Vázquez en la trascendente capital argentina. En el colmo del absurdo, parecería que nuestro candidato presidencial, previo a cualquier salida al exterior, deberá consultar a estos ciudadanos, quienes creen ser los dueños de esos principios generales consignados incluso en la Constitución y sobre los cuales no se podría ni hablar de no contar con su anuencia o visto bueno.

Merece recordarse que hace dos años, el 16 de abril de 2002, soportando un tremendo temporal de viento, lluvia y frío, 70.000 orientales provenientes de todos los confines de nuestro país, nos dimos cita en el Obelisco «por un Uruguay productivo», y no contamos con la presencia del señor Soloducho ni del señor Balestra. Ellos y las corporaciones que representan invocaron pretextos de neto cuño situacionista, para no estar junto a representantes de otras agremiaciones empresariales, de trabajadores, ruralistas, desocupados, etc., quienes reclamaron un cambio en las políticas regresivas que ya desde hace mucho tiempo se vienen aplicando en la materia a que aludimos.

No nos preocupa mucho si estos ciudadanos desean pasar a ser militantes políticos, está en su albedrío hacerlo. Pero si así fuera, como tales deberán ser tratados. *

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