Cuando gano es mi mérito… cuando pierdo la culpa es de otro

Una vieja y cuestionable costumbre–desde el punto de vista de la ética de la evaluación– es la de que cuando las cosas salen bien es mérito de uno y cuando las cosas salen mal es un problema de otros.

Y en ese sentido el gobierno uruguayo ha perdido la ética de la evaluación y aplica este principio, asumiendo para sí los logros y responsabilizando a los demás de los fracasos, en particular al vil mundo desarrollado que protege y no nos permite ingresar «libremente» a sus mercados. Casi uno diría que si viviéramos en los 60, nuestro Presidente sería un líder intelectual de la teoría de la dependencia, que postulaba en el condicionamiento externo, el eje de nuestros problemas y que tantos aportes hizo a las ciencias sociales latinoamericanas.

Pero antes de pasar a analizar con detalle a nuestro «gran enemigo externo», veamos varios ejemplos (uno por gobierno) de la afirmación de «mis logros y las culpas de los demás», porque los mitos hay que sacarlos sí o sí.

* El doctor Sanguinetti dice que en su primer gobierno se logró la mayor recuperación salarial desde el advenimiento de la democracia, más del 80% del total recuperado hasta hoy se logró en aquellos primeros años.

Verdad… pero el detalle que no se dice es que en realidad ello no fue un logro de la administración de gobierno, sino el resultado de duras batallas de las organizaciones sindicales por recuperar las grandes pérdidas económicas y de derechos laborales de la época de la dictadura. Porque para probar esto digamos que el crecimiento salarial fue muy superior al que hubiera resultado de aplicarse estrictamente las pautas de recuperación propuestas por el poder ejecutivo en los consejos de salarios. La diferencia la lograron los trabajadores en la calle y en la negociación.

* El doctor Lacalle dice que durante su gestión se dio una sustancial mejora de las jubilaciones. Verdad… pero el detalle es que ello se logró no por las políticas de ajustes de pasividades de este gobierno, sino porque cambió el criterio de fijación de los ajustes sustituyendo el ajuste por salario mínimo (que siempre se reducía) por el de ajuste por índice medio de salarios, y oh casualidad, ello fue producto de una reforma constitucional impulsada por las organizaciones de jubilados y los sindicatos en 1989 con la oposición del doctor Lacalle y del doctor Batlle.

* El doctor Sanguinetti y su ministra de Trabajo han afirmado como un gran logro del gobiero último el desarrollo de la capacitación profesional en el marco de la Junta Nacional de Empleo. Verdad… sin embargo estos logros no son sólo del gobierno, sino que hay que recordar que la plata para financiar esto sale de los salarios de los trabajadores y desde 1997 de los empresarios; que la conducción del organismo es tripartita y que los mecanismos de difusión son básicamente los sindicatos.

En síntesis, los mayores avances sociales desde el retorno a la democracia que han logrado frenar en parte la profundización del modelo liberal, dependiente, concentrador y excluyente, no son concesiones de la política económica sino logros de la lucha popular.

Vayamos ahora al otro plano de este análisis: el de las culpas externas.

Cada vez que la economía crece un poco y el desempleo baja otro poco, como sucedió entre 1996 y 1998, la frase del gobierno es: «aquí se notan los efectos de una política seria, ordenada, estable». Cada vez que la economía entra en recesión, como en 1995 y 1999 la frase es: «se complicó el marco regional e internacional y no podemos hacer nada, tan sólo esperar que pase el problema externo».

Y siendo verdad que en 1995 y 1999 hubo problemas externos, también es verdad que entre 1996 y 1998 la situación externa fue extremadamente favorable para el país por la reducción de los intereses internacionales, la reducción del precio del petróleo y el aumento de los precios internacionales de muchos de nuestros productos.

Por lo tanto la economía internacional siempre le traslada a los países sus efectos generando amenazas y oportunidades para todas las naciones.

Para los países subdesarrollados, por su mayor dependencia con el exterior estas amenazas y oportunidades se hacen más fuertes.

El quid de la política de inserción internacional exitosa es generar las condiciones para potenciar las oportunidades cuando éstas llegan y amortiguar las amenazas cuando suceden.

¿Qué ha hecho Uruguay desde hace mucho tiempo, pero particularmente desde 1990? Una apertura irrestricta, acelerada y sin contrapartidas tanto en la región como hacia el resto del mundo. Y al mismo tiempo ha desactivado todas las políticas internas activas, selectivas que apoyaban a tales o cuales sectores productivos, al empleo y a los mecanismos de negociación interna.

Es decir se ha incorporado pasivamente a una economía mundial globalizada, sin mecanismos de defensa ni en dicha relación ni en sus impactos internos.

¿Cuáles han sido las consecuencias de esta actitud? Cuando la economía internacional estaba bien y trasmitía oportunidades, se aprovechaba poco de ellas para dinamizar la economía interna. Dos ejemplos:

* cuando bajó el precio del petróleo en lugar de reducir las tarifas para beneficiar la producción y la competitividad se dejó el precio tal cual para formar un colchón cuyo único objetivo fue transferir el excedente a rentas generales para reducir el déficit que la mala gestión de gobierno provocaba.

* Cuando bajó la tasa de interés ello no repercutió en una baja interna de dicha tasa que permitiera a los productores acceder a mejores condiciones de crédito.

Y entonces las oportunidades que hubieran permitido reducir costos a la producción, ampliar mercados, créditos más baratos se desperdiciaron.

En cambio cuando la situación internacional empeoró la irrestricta apertura externa, la falta de políticas selectivas, la falta de marcos de protección a la empresa nacional, hicieron que dichas amenazas se trasmitieran muy rápidamente, se potenciaran y multiplicaran y llevaran a una recesión económica, un desempleo y una destrucción de producción mayor que la que resultaría de una política nacional de inserción externa.

En definitiva el crecimiento del 96 al 98 no sólo no fue obra de la política económica, sino que sus impactos fueron menores a los posibles debido a esa mala política económica.

Y en 1999 las culpas no sólo no fueron exclusivamente externas, sino que las consecuencias fueron más duras por la pasividad de la política económica.

 

(*) Economista

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