Las tareas que aguardan a la izquierda

La Mesa Política del Frente Amplio en su última sesión del 12 de junio aprobó tres resoluciones que se vinculan estrechamente con los temas a los que se refería la nota anterior.

En primer lugar, acompañar el proceso de elaboración parlamentaria del futuro Presupuesto nacional con una intensa campaña de discusión en el ámbito de la ciudadanía y de la sociedad acerca de sus contenidos y alcances, dado el carácter central de la futura ley que pautará la vida del país por los próximos 5 años, ya que la misma establecerá quiénes aportarán los recursos para sostener el Estado y quiénes serán los destinatarios de los mismos, qué criterios de distribución y justicia se aplicarán en cada caso, sobre qué sectores caerá el peso y a qué sectores se beneficiará en correspondencia.

Con este objetivo se llevarán a cabo una serie de encuentros, convocados por el EP-FA, en varias ciudades del interior del país y también en Montevideo, con la presencia de legisladores y dirigentes de nuestra coalición, dialogando con ciudadanos y representantes de las diferentes organizaciones sociales de cada localidad en torno al análisis de los anteriores presupuestos, el proyecto enviado este año por el Poder Ejecutivo y nuestras propuestas, las que presentaríamos si hoy fuéramos gobierno, así como la contrastación y comparación de uno y otro proyecto.

En segundo lugar, convocar y comenzar a darles un funcionamiento periódico a las Agrupaciones de Gobierno Departamentales del EP-FA, en primer lugar, en Montevideo, donde somos gobierno, pero también en todo el país. Las mismas son un ámbito de elaboración y reflexión acerca de la temática de gestión municipal, donde confluyen ediles y diputados del departamento respectivo, miembros del Ejecutivo comunal, dirigentes locales y trabajadores de nuestra fuerza política.

En los umbrales del comienzo del tercer período de la izquierda en la conducción de la capital del país, un funcionamiento regular de este organismo permitirá visualizar y adelantar sin urgencias las diferentes situaciones, algunas rutinarias, otras novedosas, por las que transitará el gobierno comunal.

En tercer lugar, poner a punto el funcionamiento de los organismos de conducción del EP, tanto en el ámbito nacional como en todos los departamentos.

Las tres resoluciones tienen un valor trascendente por sí mismas, pero, además, se conectan con una serie de problemas que la izquierda tendrá que ir desbrozando en los próximos meses y años.

Conectarnos más estrechamente con la sociedad, consolidar y ampliar nuestra base social, dirigirnos al país entero. Acumular, por la positiva y por nuestra propuesta, a más sectores sociales. Convencer que a muy pocos favorecen –al capital financiero– las alternativas neoliberales.

Los más golpeados por el modelo vigente –trabajadores, jubilados, desocupados, sectores vinculados a la marginación social– a los que habitualmente va dirigido nuestro mensaje, pero también las capas empresariales, de la ciudad y del campo, que ahora expresan su malestar.

Y también las nuevas capas medias, las nuevas ocupaciones surgidas en estos años, vinculadas tanto a la producción como a los servicios, que han aportado innovación y cambio y han abierto nuevos caminos, a veces con mucho esfuerzo, en el contexto difícil de la clausura neoliberal de tantas otras salidas.

Articular todos estos sectores con una propuesta y un discurso, es la gran tarea. Es defender a los más afectados y levantar los valores de la solidaridad. Es evitar y trascender el corporativismo y la traslación mecánica de intereses. Es levantar una alternativa de desarrollo nacional, moderna y justiciera, que incorpore la innovación y el cambio, el desarrollo tecnológico y científico, el empleo y el trabajo de los uruguayos, la educación y formación permanente.

A todos ellos los precisamos, todos somos la población y la producción del país, sus habitantes, concretos y reales. Por eso, por ejemplo, votamos los artículos de la Ley de Urgencia que mejoraban, en forma muy parcial e insuficiente, la situación de los productores agropecuarios. Y planteamos en el Parlamento, aditivos a los artículos del proyecto del gobierno que ampliaban esas medidas o que apuntaban a un criterio de mayor justicia al favorecer más a los productores de predios con menor extensión, incluyendo a quienes no son propietarios sino arrendatarios.

Es precisamente la capacidad articulatoria, de elaboración de un proyecto para el país, lo que jerarquiza el papel de la política y de una fuerza política. Y lo que la diferencia de una organización gremial o sindical, que legítimamente, priorizará la defensa de un sector específico.

De ahí, la defensa de la autonomía de una con relación a la otra. Ni el sindicato debe ser una correa de transmisión del partido, ni éste debe ser el eco pasivo de aquél. Y también de aquí la posibilidad del conflicto, que es consustancial con la complejidad de la sociedad y con la propia democracia.

Autonomía y especificidad de cada instancia, más aun si agregamos a nuestro análisis el nivel de las instituciones de gobierno –que es de todos los ciudadanos y no sólo de una fuerza política– pero también diálogo y articulación, en un proceso donde nada está predeterminado y donde los consensos se generan en la práctica y en el intercambio comunicativo.

Las Agrupaciones de Gobierno departamentales, además de ámbito de reflexión de estas temáticas, serán un espacio que contribuirá a gestar más claramente políticas, discursos y liderazgos locales, superando las inercias centralizadoras.

Y también, los espacios organizacionales que construyamos en el EP, ayudarán a avanzar en el terreno de las alianzas políticas, que en pie de igualdad y sin hegemonismos tenemos que construir en estos años con quienes hoy no están todavía con nosotros pero a quienes tenemos que acercar para construir el gran bloque de los cambios.

(*) Senador del EP-FA

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