Lecciones sin desperdicio
La crisis con la recolección de residuos que semanas atrás sacudió a Montevideo arroja lecciones que, recordando una expresión coloquial, no tienen desperdicio. La envergadura del problema obliga a un análisis tanto detallado como desapasionado.
Más allá de la validez del instrumento de la huelga, no puede obviarse que el gremio involucrado en la recolección de residuos defendía una situación que más bien recuerda ventajas corporativas. Esa postura choca contra la percepción de los vecinos, quienes se quejan de las frecuencias y calidad de la recolección de los residuos, un cuestionamiento que se oye en los encuentros barriales, y desde hace años. En el conflicto parecería que se dejó en segundo plano al vecino de Montevideo, quien debía ser el centro de los compromisos con una mejor calidad y eficiencia en los servicios municipales. Por el contrario, esa huelga acentúa el distanciamiento que sienten muchos montevideanos frente a quienes recogen su basura.
Pero así como se deben señalar las responsabilidades del sindicato, también es necesario reflexionar sobre la actitud de la población. Los montevideanos generan cada vez más basura, y si bien hay algunos que tienen cuidado en mantener limpio el barrio, hay muchos otros que tienen una actitud pasiva, dando por sentado que la IMM deberá recogerle todos los días su bolsita. Es bueno recordarles a ellos que en las ciudades más importantes, los camiones recolectores pasan una o dos veces por semana, y que todos los habitantes contribuyen a mantener limpias las aceras y manejan adecuadamente sus desperdicios domiciliarios. Pero más grave es la situación con otros vecinos desaprensivos que ensucian la ciudad, tirando basura en lugares y horas inapropiadas, o con empresarios que contaminan predios o arroyos. Esas personas por cierto que contribuyeron al caos, ya que a las pocas horas de instalarse la huelga, estaban tirando sus bolsas en plazas y esquinas.
Tampoco puede escapar al análisis que la gestión de los residuos sólidos en Montevideo que realiza la IMM tiene mucho por mejorar. Si bien existen varios programas en esa materia, parecería que aún no se ha logrado una política municipal explícita en el manejo de los residuos. Eso implica entender cómo se origina esa basura, las diferentes formas de manejarla, los procedimientos más adecuados en la disposición final, y así sucesivamente con otros componentes. No es solamente un asunto referido a la frecuencia con la que pasan los camiones ni al número de funcionarios en ellos, sino a una visión integral que incluye componentes funcionales, ambientales, económicos y normativos. La reestructura hoy nuevamente en discusión difícilmente se puede resolver en unas pocas semanas si no existe antes una estrategia definida para manejar los desperdicios que genera la ciudad. Para avanzar en ese sentido es necesario dar un paso más allá de concebir una estrategia frente a los desperdicios como sólo «levantar la basura» que otros generan. Debe comenzarse por considerar cómo se generan los desperdicios, regulando ese proceso desde un inicio, por lo que son necesarios instrumentos económicos y normativos. También son indispensables acciones enérgicas para desalentar a vecinos y empresas que ensucian la ciudad. La disposición final de las basuras debe hacerse bajo procedimientos, y en sitios que pueden mejorarse mucho. Esos y otros aspectos se deben sumar a los que hoy se discuten, y en todos ellos debe contemplarse con nuevos ojos el problema de la eficiencia.
Pero justamente en ese terreno se sufren muchas tensiones, ya que bajo la palabra eficiencia se han cobijado visiones mercantiles que han subordinado a las personas y a los trabajadores al lucro económico. Comprensiblemente un pensamiento progresista debe usar ese concepto con precaución. Pero ello no es excusa para caer en otro extremo, donde se tolere malgastar los recursos municipales, sean dineros, horas de trabajo o equipo, en modos que no cumplen con las aspiraciones de los vecinos. Por el contrario, una forma genuina de eficiencia es aquí necesaria, para reorientar las acciones municipales hacia el mejor servicio para los vecinos, con la mejor calidad ambiental, y el uso más juicioso de los fondos municipales, que al fin de cuentas son nuestros propios dineros.
* Investigador del Claes.
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