El mismísimo miedo
Hecho semiolvidado, pero significativo de la semana anterior, el seminario sobre las Fuerzas Armadas organizado por el Instituto Manuel Oribe motivó la reacción del ministro de Defensa, que impidió la presencia de los oficiales superiores, inhibidos de participar en actos de carácter político.
Razón para el ministro: hay un nexo evidente y sustantivo entre aquel instituto y las bases ideológicas y programáticas del partido aliado del gobierno.
Pero esto, que es evidente aunque no entendido por la dirigencia herrerista, no es lo más sobresaliente del asunto. Es en el seminario mismo que hay que destacar posturas y actitudes.
Por supuesto que es innegable la necesidad de las FFAA. Es la indiscutible institución custodia principal de nuestras fronteras. Lo que hay, a su propósito discutible, es la pretendida extensión de su papel y las posibles formas de su estructura, variable según circunstancias y apreciaciones. Hay países que no tienen ejército y los hay que los tienen cualitativa y cuantitativamente diferentes.
En el caso, el seminario del Instituto Manuel Oribe ofreció poca originalidad respecto del papel futuro de nuestras FFAA. A estar a lo que trascendió por la exposición del presidente del Directorio, el doctor Luis Alberto Lacalle, ciertas hipótesis de conflicto justifican, más y más, el papel de nuestras fuerzas. Innegable, como la casi esfericidad de la Tierra y la hondura insaciable de los agujeros negros del universo.
Sin hipótesis de conflicto no se justifica ninguna fuerza. Pero la cosa es definir qué conflicto es conflicto y qué hipótesis es válida. O cuáles son las hipótesis que no se han tenido en cuenta; o cuáles han sido falseadas en su origen como para justificar la intervención del poder de la fuerza.
Y en esa aproximación se pierden los señores académicos del Instituto Manuel Oribe. O más bien, se pierde el doctor Lacalle, no sabemos si en función de presidente del Directorio o de integrante del Instituto.
El doctor Lacalle muestra, ante el rol de las FFAA, la misma actitud recelosa que ante el problema de la seguridad pública: ve fantasmas ingobernables por todas las fronteras, externas, internas, del cenit y del abismo. El doctor Lacalle no parece creer en el poder educador de la democracia ni en su capacidad de extenderse en la sociedad con su fuerza creciente como defensa. Sólo cree en la represión.
Varias hipótesis de conflicto examinó el presidente del Partido Nacional; y otras muchas y muy evidentes olvidó mencionar. Entre ellas, el seguro conflicto pues ya es endémico de la pobreza y la opresión, o el de la agresión contra el ambiente, o el de los abusos de poder. El abrazo de oso del capital.
Eligió sí, en cambio, como hipótesis de conflicto, una consecuencia: «Que es probable y posible que situaciones de desorden en un país vecino traigan consecuencias en Uruguay que ameriten la intervención de las FFAA».
No creemos que el avezado ex mandatario hable sin tener un cierto seguro razonamiento que justifique sus dichos. Es persona responsable de sí y de una comunidad partidaria con poder actual en el gobierno de la nación.
Creemos que lo dicho tiene sus razones que, aunque misteriosas y desubicadas, deberíamos conocer. Al fin de cuentas, en el caso de una hipótesis tal, todos tendremos nuestras cabezotas en riesgo.
Creemos también que, como en el tema de la seguridad ciudadana, en esa hipótesis de conflicto se demuestra la falta de confianza: el miedo.
Y si de miedo hablamos, miedo tenemos de que se invoque en vano a los malos espíritus. Lo que pasó después no fue otra cosa; y esto decimos retrucando la afirmación del doctor Lacalle que así se refirió al período dictatorial pleno, como algo separable del degradado período político anterior al derrumbe constitucional y al querelloso batallón que lo evidenció.
Fue un todo purulento. Minga de hipótesis.
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