¡Que picarón!

En octubre de 2003 la Junta Departamental de Montevideo votó el art. 25 del Decreto 30.649 que fija para todo el funcionariado municipal el tope salarial por todo concepto al equivalente al 90% de la retribución básica del intendente.

Llegado el mes de enero del 2004, casi a su fin, el intendente Arana reglamentó esta disposición que al ser parte de un decreto tiene fuerza de ley en el departamento.

Curiosamente le agregó una pequeña frase que parece muy inocente pero que encierra un particular contenido.

En efecto, a la fijación del tope en el 90% dispuesta por los ediles, el intendente le agrega: «Este tope salarial será calculado en todos los casos sobre la base de una carga horaria de treinta horas semanales». ¡Qué candidez! ¡Apenas se quiso precisar detalles menores que tienen que ver con la situación de los que trabajan ocho horas dejándolos de un plumazo fuera del tope! Pero vale historiar y descubrir las «picardías» de Don Mariano. Este artículo tuvo su origen en una iniciativa de la Junta en el Presupuesto 2002, y habiendo sido votado, el Tribunal de Cuentas lo observó obligando a su retiro porque en esta materia de fijación de salarios se necesita la iniciativa del Ejecutivo o sea que lo debía proponer al año siguiente Don Mariano. Cosa que prolijamente hizo. Tan prolijamente que se olvidó de agregarle la frasecita a la propuesta que envió a la Junta y se la agregó después para de esa manera tener tiempo de arreglar alguna que otra «situación» dentro de su administración, ya que tengamos presente que de manera discrecional el intendente puede por razones de servicio modificar el horario de algunos funcionarios de su amistad para beneficiarlos al excepcionarlos del tope.

Vale la pena detenerse en dos aspectos.

1-El intendente no puede mediante la reglamentación violentar, desviar, desconocer el espíritu del legislador, distorsionarlo y agregar a lo dispuesto excepciones que no estaban previstas en la letra de la disposición votada.

Si el intendente conocía la situación de los que trabajan ocho horas, ¿por qué no agregó esta aclaración a la norma enviada a la Junta y lo hizo después que se votó?

Simplemente porque eso le daba tiempo, el tiempo necesario para seguir cambiando del régimen de seis a ocho horas diarias a todos aquellos a quienes quisiera beneficiar antes de la reglamentación del decreto sin que a nadie le llamara la atención

De acuerdo a lo denunciado por funcionarios municipales y por representantes del gremio de Adeom a todos los ediles, existen de más de 20 casos en los que municipales perciben más del tope fijado, o sea más del 90% del salario del intendente al amparo de una excepción que no estableció el decreto pero que sí prevé la reglamentación, lo que se agravaría de ser cierto que se les modificó el horario a algunos de los que entraron «por la ventana» como les llama el gremio a fines del año pasado para que se agreguen a esta lista.

2.-Esta interpretación de excepcionalidad para los que trabajan ocho horas nos lleva a preguntarnos: ¿cuántas horas trabaja el intendente ya que parece ser que su sueldo «es referencia» para los que hacen seis horas pero no para los que hacen ocho?

¿Será ese su horario? ¿Seis horas diarias?

A eso agregaron la desprolijidad del tratamiento de los honorarios de los profesionales del Gestión de Contribuyentes y después de casi 15 años de gobierno sale Don Mariano a hacer marketing con una situación que cobijó y soportó hasta ahora, diciendo que aunque pierda los juicios no les va a pagar lo que hasta ahora les correspondio, y con cara de furioso y enardecido defensor de las arcas municipales enfatiza en lo exagerado de los montos que cobran algunas veces estos profesionales como si recién se enterara de eso, sin decir que ahora el dinero se lo queda la intendencia y se lo va entregando en cómodas cuotas a sus legítimos dueños, «para que no se pasen del tope».

¿No estará incurriendo en apropiación indebida, como argumentan algunos damnificados?

Pero todo esto parece no importarle al intendente, inmerso como está en su locura proselitista de la que nos ocuparemos en nota aparte porque vale la pena enumerar sus tantas contradicciones que practica casi a diario tal vez para no alejarse del modelo del inefable Tabaré.

Total cuando pierda los juicios habrán pasado los días de campaña política y ahora, algún desprevenido contribuyente al escucharlo podrá pensar que a Don Mariano le vino un ataque de buena administración y se le dió por ahorrar algo. ¡Si hasta parece auténticamente enojado!

¡Qué picarón! *

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