Malas comparancias
El señor Ernst Welteke era, hasta hace quince días, el presidente del Bundesbank, el Banco Central de Alemania. El día 7 de abril último, el directorio decidió cesarlo temporalmente de la presidencia, en tanto que la fiscalía le abrió una investigación preliminar para juzgar su conducta. Una semana después, decidió presentar la renuncia a su cargo. ¿De qué se le acusó?
Resulta que el fin de año de 2001, fue invitado por el Dresdner Bank –el principal banco privado alemán– a un hotel de lujo situado al lado de la histórica puerta de Brandeburgo, en Berlín, para dar la bienvenida al euro, la moneda única de la Comunidad Europea. El entonces presidente del Bundesbank aprovechó la bolada para hacerse acompañar por su esposa, su hijo de tres años, otro hijo, mayor de edad y la novia de éste y permanecer en el hotel durante cuatro días. La factura de la estancia ascendió a la suma de 7.661,20 euros.
El gobierno consideró que –si bien la suma es irrelevante para un jerarca que gozaba de un salario anual de 350.000 euros– el gasto es de difícil digestión pública en un país que últimamente se ha visto abocado a una serie de recortes de beneficios sociales para los trabajadores y jubilados.
La prensa destapó luego que no fue ese su único desliz, puesto que en el año 2000 había aceptado otra invitación –esta vez del Banco Central austríaco– para concurrir a Viena y asistir al baile de la Opera.
Le cuento esto porque me resulta inevitable compararlo con la investigación parlamentaria que tuvo lugar en nuestro país, durante más de un año, referida a las responsabilidades de las autoridades del Banco Central en la brutal crisis bancaria que sufrimos todos los uruguayos en 2002.
Todo ese expediente está hoy en manos del Poder Judicial. Los asuntos más relevantes refieren a la inexplicable flexibilización de las normas de control en los bancos que luego fueron liquidados; así como las resoluciones de continuar brindándoles asistencia, desoyendo, o no preguntando la opinión de los servicios técnicos del Banco Central. Yo recuerdo la indignación del que fue presidente del Banco Central en ese período, el contador Rodríguez Batlle, que se sintió agredido en su honor. Pero recuerdo también informaciones de prensa que verificaron que el mencionado funcionario, simultaneaba su cargo con el de presidente del Country Club de Punta del Este, institución que, a su vez, recibía al patrocinio del Banco de Montevideo para algunas de sus actividades. Las ondeantes banderas del referido banco liquidado, en el predio del Club, así lo proclamaban.
¡Es que le tengo una envidia a los alemanes! *
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