El nudo gordiano del próximo gobierno
En una conversación de antesala, de esas que se mantienen informalmente, mientras se espera la llegada de otros compañeros, y en relación al tema «tratamiento de la deuda externa por el próximo gobierno (del FA)», un compañero me decía, barajando hipótesis posibles, en resumidas y sesudas cuentas, juego de palabras mediante, más o menos esto.
«Hay dos caminos opuestos posibles que son imposibles.
Uno sería el de cumplir primero con los compromisos asumidos, con el fin de «honrar» la deuda exigida. Y lo que quedare, si queda algo, dedicarlo a la reactivación.
Otro sería, por el contrario, dedicar todos los (magros) fondos existentes a la reactivación de la producción, y, luego de obtenido ese resultado, y con lo que quedare, destinarlo a pagar lo que se pueda de la deuda externa.
Yo descarto, desde ya que un gobierno progresista que se precie de tal , pueda embarcarse en la primera «solución».
Respecto a la segunda, y teniendo en cuenta el compromiso asumido públicamente por nuestros máximos dirigentes, en varias oportunidades, de «no proceder a pagarla a costa del hambre y la miseria de los conciudadanos«, no la veo, en lo personal como tan imposible. Es más, creo que es la única lógica y aplicable. Efectivamente, en la situación en que se recibirá el país, (en el CTI y la imagen no me pertenece), sería absolutamente suicida pensar en disponer de fondos millonarios, constituyentes de una porción increíblemente alta del PBI, para seguir «honrando» la deuda, como si viviéramos en el mejor de los limbos (tal como nos quiere hacer creer el gobierno actual, índices macroeconómicos mediante). Y la gente » de a pie» se pregunta, como en el caso de «las siete mujeres para cada hombre», por qué entonces, algunos cuantos andan con catorce…
Incluso, ya se habla de renegociación, y de la posibilidad de pedir las habituales quitas y/o esperas.
Al estilo de lo que está planteando, crudamente, y ojalá que con éxito, el gobierno argentino.
Nosotros deberíamos apuntar decididamente a la espera, por la razón del artillero. Ponerse a negociar sobre una quita significa que hay algo que no se va a pagar, pero otra parte que se conviene en pagarla.
En cambio la espera, significa, lisa y llanamente, la moratoria. Por lo menos en el plazo que se logre.
Yo no quisiera insistir con la imagen de la gallina y los huevos, para evitar la rotura. Pero, no encuentro nada más gráfico que la citada comparación. Tenemos la gallina en el CTI, con diagnóstico más que reservado. A nadie se le ocurriría esperar de esa gallina, en estas condiciones de «inviabilidad», la postura de huevos suficientes, para poder darse el lujo de «distraer» algunos de ellos al pago de deudas. Primero se hace imprescindible recuperar la salud de la gallina. Porque en caso contrario, no habrá huevos PARA NADIE. Ni gallina, tampoco.
Y esa conclusión, seguramente no escapará al preclaro razonamiento de los propios acreedores, que cuando el actual gobierno, haciendo alharaca propia de su delirio irresponsable, les dijo que no quería renegociarla porque podía cumplirla, los propios organismos internacionales lo tomaron como el delirio sin fundamento que era. Estamos en un momento crucial de la vida del país y de la región.
En el que por primera vez en muchos años se avizora la posibilidad de plantarse y plantear el problema de la deuda en forma mancomunada con otros gigantes hermanos del continente sudamericano: Brasil, Argentina, Venezuela. No es poca cosa. Pero, además, no podemos ser más realistas que el rey. Cualquier otro planteo que no sea diferir el pago de la deuda, como medida grave y urgente, preparatoria de otras quitas y plazos futuros, sería un suicidio para la fuerza política en el gobierno que tomara tal decisión.
También estamos, y por desgracia, pasando por una coyuntura de posibilidad de acceso al gobierno, donde el peligro de los «cucos» se nos ha contagiado. Y queremos llegar al gobierno «sin que se cometan errores que pongan en peligro tal objetivo». Y de ahí sale lo que, con mucho acierto satírico, Brecha titula, parafraseando la conocida frase de don José, como «Callaos, caros compañeros y estad seguros del triunfo…»(1) Y en ese silencio impuesto, de boquitas cerradas, aun a la fuerza, como la del sapo de la metáfora, corremos también riesgos ciertos. Porque la pregunta sigue siendo válida:
¿ Para qué ganar si no somos capaces de materializar los cambios imprescindibles?
«Si no es para eso no vale la pena»( 2)
Y además, duraríamos lo que un lirio en el gobierno…
Hay muchos orientales honestos y pensantes aún con cabeza propia, que quieren votar lo mejor para el país. Pero para ello, quieren saber qué actitud se compromete a tomar cada fuerza política en temas cruciales. Como el de la deuda. Por supuesto, que no le preguntarán a la «coalición rosada» qué haría, porque está a la vista, lo que han hecho y adónde nos han llevado. Pero la expectativa sobre el camino a recorrer respecto a la deuda eterna es una incógnita que necesariamente debería despejarse lo antes posible. Porque no cabe duda de que los organismos internacionales van a hacer un «seguimiento» (léase persecución) para saber qué ideas tiene el «próximo gobierno». Y no cinco días después de asumir, sino mucho antes. Ya en estos momentos están haciendo «testeos» sobre las presumibles conductas acerca del tema. Y corresponde tenerlo muy claro.
La única opción «posible» que resulta realmente imposible es la de pagar, y dejar lo que sobre para reactivar el país.
No habrá reactivación posible en tanto se gaste un solo peso en intereses y/o amortización de deuda, mientras quede un solo uruguayo sin comer su plato de comida todos los días. Y eso requiere una conducta valiente, que seguramente trasciende largamente los cinco años del mandato de un gobierno. Creemos que es el momento de ser realistas y acercar a los indecisos y descreídos a nuestras tiendas, a aquellos que dudan aun de que esta última salida sea la aplicada. Porque, cualquiera sea el camino elegido, la derecha va a seguir manipulando su regadera de excremento a discreción. Más ahora que el pueblo se encargó de hacer imposible la presencia de Sanguinetti en el podio de los precandidatos. Hay temas en que la «boquita cerrada» puede significar el no esclarecimiento de la población aún no convencida, a cambio de la presunta contrapartida de no generar elementos que faciliten el ataque del enemigo de clase. Pero cualquiera sea el planteo que se haga u omita, la única certeza es que la andanada de la derecha vendrá con la virulencia desesperada del que se siente perdedor. Entonces, ¿a qué otra cosa temer, sino a las nefastas consecuencias de mantener a la población en ascuas? *
Notas:
(1) Brecha, 5/3/04 , pag 14
(2) «Sacha» Previtali, Brecha, 5/3/04, pag. 11
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