Las ruinas del país productivo

Preservar lo que queda y ver cómo se pueden recuperar algunos medios de producción que otrora habilitaron –a lo largo y ancho del país– una vida mejor para los uruguayos, dinamizando ciudades e incluso regiones, debería ser una línea de acción del próximo gobierno, en tanto aspire a generar situaciones tendientes a la creación de fuentes de producción y de trabajo. En esa dirección deberán alentarse los esfuerzos privados tendientes a la recuperación de aquellos medios –fundamentalmente establecimientos fabriles o agroindustriales– inactivos y prácticamente yacentes, generalmente sometidos a gravámenes hipotecarios por créditos de imposible recuperación.

Los procesos de recuperación y/o reconversión deberán pues estar inscriptos en una estrategia de país productivo. Caso contrario, estos procesos pueden desnaturalizarse al punto de transformarse en negocios poco claros, en provecho de algunos habilidosos ligados al gobierno de turno –como ha sucedido hasta el presente– con nula contribución al mejoramiento de la producción y del trabajo. Tal lo ocurrido, por ejemplo, con el ingenio azucarero de Mercedes, propiedad de la ex empresa Arinsa. En efecto, en junio de 1999 el Banco República cedió el crédito hipotecario que tenía contra aquella empresa a una persona que prometió públicamente la creación de numerosos puestos de trabajo, a través del funcionamiento de polígonos industriales, reconversiones y otros posibles emprendimientos, con capitales nacionales y/o extranjeros. Todo ello «de boquilla», sin las garantías del contrato, puesto que nunca se presentó ningún proyecto de desarrollo ante el Ministerio de Industria y Energía. El precio teórico fue de un millón de dólares, de los cuales el BROU exigía la integración de doscientos mil al contado. Nadie sabe –ni nadie se preocupó por saberlo– si se integró todo el precio y si se otorgó carta de pago en la confusa –por lo menos– operación. Pasado un tiempo prudencial, y sin que mediara subasta, almoneda o remate (como aclaran los martilleros), el empresario adquirente del crédito se dedicó a desguazar la planta industrial, vendiendo todo lo que pudo, incluidos kilómetros de cable de cobre. No sabemos el destino del difusor y de la usina de energía eléctrica, componentes básicos de aquel complejo industrial y con subido valor en el mercado, aún hoy. Ojalá se pueda algún día solicitar también una auditoría sobre este tema, para saber lo realmente acontecido.

Así como los humanos vivos utilizamos los órganos de los humanos muertos, interviniendo en la relación dialéctica entre la vida y la muerte, así también, en el caso, una parte de la joven fábrica (apenas diez años de uso), destripada y desguazada, sirve hoy para otro emprendimiento productivo, que llevarán adelante aparentemente personas ajenas al comprador del crédito, según información periodística de estos días. Se trataría de la utilización de las prensas con las que se hacían los pellets de remolacha, subproducto de la agroindustria azucarera. Ahora se utilizarían para el prensado del aserrín de madera, producto que se destinaría a combustible, para venderlo en el mercado interno y también en el exterior, puesto que –se argumenta– en Europa esta alternativa está supliendo cada vez más al fuel oil, la madera y el gas. La materia prima se obtendría de los aserraderos de la zona. Este emprendimiento, que utiliza una pequeña parte del potencial industrial que tenía el establecimiento, demuestra la irresponsabilidad, ineficiencia y mala fe de quienes, por acción u omisión, realizaron y/o permitieron el desmantelamiento del complejo agroindustrial.

Las estadísticas confirman que, en el interior, si bien subió el nivel de actividad no bajó el desempleo, o no por lo menos en correspondencia con aquella suba de la actividad. Ello obedece sin duda a la concentración de la explotación de la tierra en pocas y grandes empresas, nacionales o extranjeras, con mucha mecanización. Ello es evidente con la «vedette» soja y se profundizará en la medida que se extienda y consolide la «vedette» forestación. El crecimiento de la exclusión y marginación continuará pues implacable. Es este un problema a solucionar urgentemente por el próximo gobierno.

En el contexto señalado vale la pena tantear las posibilidades de que el empresario beneficiado –quien prometió antes de las últimas elecciones nacionales conseguir un ingenio más pequeño en Europa– cumpla con su palabra empeñada ante gente decente y responsable, no alcahuetes y politiqueros. En todo caso, vista la problemática social del departamento, especialmente de Mercedes, y dada la necesidad de crear un polo importante de ocupación, un gobierno progresista debería alentar –controlando– la concreción de aquella promesa para: 1º) Refinar azúcar crudo importado. 2º) Generar energía eléctrica utilizando calderas a leña y/o gas natural en un futuro. No olvidar que los turbogeneradores de la fábrica podían suministrar electricidad para la ciudad de Mercedes. Tengamos memoria de ello, en estos momentos de crisis energética. 3º) Prestación de servicios de mantenimiento, reparación y construcción de todo tipo de maquinarias, equipamientos e instalaciones, así como almacenamiento de partes y repuestos. 4º) Contratación con terceras empresas de espacios destinados a industrias, comercialización y almacenamientos en el predio del parque industrial.

Sea desde el gobierno nacional, sea desde el gobierno departamental, lucharemos por concretar estas ideas. *

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