Los consejos de Enrique Iglesias

La presencia del contador Enrique Iglesias, ciudadano ilustre del Uruguay con relevancia internacional, siempre significa un factor estimulante a la imaginación y a la comprensión de las nuevas realidades del mundo contemporáneo.

Su charla y diálogo posterior en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República, fue un ejemplo de docencia, tolerancia y capacidad de diálogo con sus interlocutores, como en sus viejos tiempos de catedrático de Política Económica.

No es casual que haya sido en el ámbito de la Universidad de la República donde, como bien dijo él, obtuvo el único título profesional que ostenta y que porta con altivez y orgullo.

Esa Universidad de la República, tan odiada y vilipendiada por la derecha, acosada por la dictadura, pero que ha sabido mantener enhiesta su condición de máxima casa de estudios del Uruguay, principal centro de investigación del país y base de recursos humanos para cualquier proyecto de cambio real en la sociedad uruguaya.

En su referencia a la década de los 90, la definió como un retorno a la «ortodoxia neoclásica», que tuvo ciertas bondades pero que dejó como saldo en nuestro continente una situación de desigualdad social, con bolsones de exclusión, indígenas y de otras etnias y el grave flagelo de la desocupación.

De la misma manera que siendo representante de la Universidad de la República, encabezó la Comisión llamada CIDE, en la década de los 60, que fue un profundo estudio de análisis de la realidad uruguaya y los posibles caminos de salida, reflexionó sobre la actual realidad internacional, desde su puesto de presidente del BID.

Definió su criterio de nuevo paradigma como Paradigma Incremental, con una política económica con programas anticíclicos, de equilibrios macroeconómicos con enfoque social y una refocalización del gasto social.

Con una visión realista, desprovista de falsos entusiasmos, planteó los límites de opciones de la política económica, definiéndolos como limitados. En particular ubicó a América Latina en una dimensión concreta, con el 8% de la población mundial, 500 millones de habitantes y destacó un nuevo fenómeno de la economía mundial, la realidad de la región China – India, con 2.300 millones de habitantes, con el 36,8 % de la población mundial, y con un desarrollo económico envidiable, tanto en su capacidad inversora, su política exportadora y su incursión en la nueva etapa de la industria de la información.

Afirmó con una contundencia impactante que China e India le han puesto un segundo piso al mundo, en un fenómeno inédito del desarrollo capitalista mundial, haciéndole jugar al Estado un nuevo papel a tener en cuenta.

Cuando desde la búsqueda de nuevas opciones para el desarrollo nacional y regional se plantea la búsqueda de mercados, los soberbios dueños del poder, que nos han desgobernado y llevado al Uruguay a la peor crisis del Siglo XX miran con sarcasmo estos nuevos fenómenos de la realidad mundial, el contador Iglesias nos trajo una dosis de realismo y de audacia .

Quiero enfatizar en este aspecto del Estado, porque es donde se afinca uno de los factores diferenciadores entre las distintas opciones políticas que se le presentan al electorado nacional, que impactarán en las definiciones de la ciudadanía.

Mientras el Partido Colorado renuncia a sus viejas banderas, de un Estado activo y equilibrador de las desigualdades sociales, que se acentuarían si se deja actuar simplemente a las fuerzas del mercado, un Partido Nacional, que cuando fue gobierno en la década de los 90 buscó reducirlo a la mínima expresión, y de ahí la campaña de pegotines en las modernas camionetas 4×4, «Bajen el costo del Estado» o una política salarial pública expresada en la frase célebre «ustedes hacen como que trabajan y yo hago como que les pago», que quedó estampada en el disparatario nacional.

Pues bien, el contador Iglesias, interrogado sobre el fenómeno de la corrupción, que acompañó la política de las privatizaciones de los 90 facilitada por la falta de regulaciones y de controles, pronunció un concepto destacable:

Debemos construir un nuevo Estado a la altura de los desafíos del Siglo XXI, que encare las metas del milenio trazadas para 2015, sabiendo que no se podrá cumplir en dicho plazo el objetivo de abatir al 50 % la pobreza y que supere al actual Estado ineficiente e impune, que con sus trabas y lentitudes ampara la corrupción.

Concepto compartible y desafiante, que ubica el rol del Estado, no tanto en su tamaño sino en la eficiencia, en su rol social, y en finiquitar la impunidad de jugar con los dineros públicos, mejor y transparente Estado.

El progresismo de izquierda debe aceptar este guante lanzado por el contador Enrique Iglesias y frente al descrédito del actual Estado ser capaz de proyectar un nuevo Estado del Siglo XXI, construido con mayorías nacionales, ajeno al clientelismo político y a las corruptelas, que le garantice a los ciudadanos, a las empresas y a los inversores extranjeros una política transparente, orientadora y guiada por el interés nacional.

Estimuló a la Universidad a investigar el tema de la competitividad, y para lograr una inserción inteligente en la economía mundial construir una nueva relación entre Estado y mercado. Competitividad que abarque no sólo los aspectos económicos sino también los sociales e institucionales.

Si somos capaces de hablar con un lenguaje claro e incluyente, con propuestas serias y creíbles, la gente que está cansada de la vieja política nos acompañará en una política de integración nacional y regional, para asumir las complejidades del siglo que comienza. *

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