Almorzando con el enemigo
Todo indica, según empresas consultoras y politólogos, que la izquierda –por primera vez en 174 años de vida constitucional de la otrora Suiza de América– tiene reales posibilidades de acceder al gobierno nacional.
Históricamente, los partidos tradicionales han acusado a la Central de Trabajadores de estar «dirigida» por «cuadros» de sectores de la izquierda. Ahora, el movimiento sindical tiene en sus manos la respuesta.
De concretarse el ascenso del Encuentro Progresista-Frente Amplio, el hecho marcaría un punto de inflexión histórico para los gremios, ergo, todo un desafío para el movimiento sindical vernáculo. Demostrar, de una vez por todas, la manida independencia de intereses de clase de los trabajadores sobre el poder político de turno.
No obstante, existen varias asignaturas pendientes. Es sabido que en el seno del PIT-CNT conviven posturas disímiles que han llevado a que en los últimos días, sectores denominados «radicales» promovieran un escrache contra sus propios compañeros de clase. El disparador del diferendo fue que cuatro integrantes de la Central de Trabajadores –Juan Castillo, Eduardo Fernández, Ivonne Passada y Julio García– compartieran un almuerzo con representantes de la «madre patria», es decir Estados Unidos, en el Radisson Victoria Plaza.
Ayer, el Secretariado Ejecutivo decidió que tres de los cuatros dirigentes «cuestionados», a excepción de Fernández, sean los encargados de transmitir a los asalariados de este país las propuestas y reivindicaciones de los trabajadores.
El movimiento sindical uruguayo afronta, quizá como nunca en su historia, una prueba de fuego: la independencia de los intereses de los trabajadores por encima de la militancia política individual.
El próximo 1º de Mayo, izquierda y derecha estarán atentos a la proclama. También lo estará la work class outsider, aquella que no sabe de militancia sindical ni política.
De lo contrario, como escribió Shakespeare, lo demás será, indefectiblemente, silencio. *
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