EEUU en Irak: guerra perdida y paz dudosa
Los hechos en Irak se han precipitado. Es más, por momentos parecen adquirir una velocidad de ejecución uniformemente acelerada.
El ataque a una mezquita en Fallujah, con cientos de víctimas civiles, el cerco infructuoso a una ciudad que no se logra dominar es apenas la arista humanitaria e indignante de un fracaso de grandes proporciones.
La naturaleza de la agresión, la desmaña y el aturdimiento con que se conducen los asuntos políticos, militares y diplomáticos están logrando extremos que hasta hace poco tiempo nadie se atrevía a vaticinar.
Un ejemplo, el creciente entendimiento entre sunnitas y chiítas, venciendo prejuicios, rivalidades religiosas y políticas de larga data y espesos contenidos emocionales y religiosos.
Bush lo hizo, podrían decir algunos de sus biógrafos.
A nadie le resultará difícil recordar cuáles han sido las dolorosas peripecias del pueblo kurdo en aquella región. Las prácticas genocidas a las que estuvo expuesto en los tiempos de Saddan Hussein, los bombardeos a los improvisados campamentos de refugiados en los que fueron ultimados decenas de miles de civiles.
Aquellos ataques hicieron pensar que los jefes de la causa nacional kurda serían aliados manifiestos de las tropas norteamericanas cuando se lanzaran contra el ejército de Irak. Algunos movimientos logísticos y bélicos parecieron insinuarse en ese sentido al comienzo de las operaciones.
Pero hoy no es esa la situación. El combate contra el invasor no solo ha unificado a sunnitas y chiítas sino que también los kurdos rechazan las agresiones de las tropas de ocupación. Y se suman a la resistencia iraquí en términos de unidad nacional. Las repercusiones internacionales de todo esto también contienen una alta significación.
Una de ellas, de las más relevantes es no solo la victoria del PSOE en España y la formación de un nuevo gobierno por parte de José Luis Rodríguez Zapatero. Es esa victoria de Zapatero, inequívocamente motivada por la voluntad de Aznar de mantener a España como un aliando incondicional de Bush, que culmina con la decisión del socialista del cumplir con sus promesas preelectorales y ordenar el retiro de las tropas de Irak.
En su luminosa simplicidad, la decisión del nuevo gobernante español conlleva un formidable mensaje. Contiene la fuerza del acto rotundo, radiante, neto: ¡los soldados españoles a casa! Porque así lo quiere el pueblo de España. Porque así lo decidió democráticamente el pueblo de España que nunca quiso esta guerra, que no quiere seguir atado al carro demencial de los belicistas de Washington. Efectos de la resistencia armada iraquí dentro de los Estados Unidos, donde algunos críticos se atreven a más y toda la política de Bush desde el 11 de setiembre está siendo puesta en tela de juicio.
En ese contexto, volvamos a la situación en Irak. En estos días se ha publicado un trabajo de Immanuel Wallerstein, un historiador y especialista en asuntos internacionales de gran prestigio mundial. Para este analista, el empantanamiento de la guerra, la crueldad de las tropas invasoras en Irak cuestionan no solo el presente sino que ensombrecen el futuro. El cuadro se presenta con tal gravedad que las condiciones para un retiro ordenado de las tropas está considerablemente más complicado que en la guerra de Vietnam.
Dice Wallerstein: Llegará el día, más pronto de lo que Estados Unidos supone, que tendrá que tomar la decisión de salir de Irak. Vale la pena recordar que, cuando Estados Unidos evacuó Saigón, en 1973, su enemigo estaba unificado y tenía fuertes controles sobre su propio bando. El Vietcong ordenó a sus soldados no disparar contra ningún helicóptero vulnerable que estuviera partiendo. El Vietcong estaba en posición de establecer, al instante, un orden en Vietnam. En Irak, no hay un Vietcong. Los iraquíes bien pueden dispararle a los helicópteros que se retiran. *
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