Nuevos vientos soplan en España

Aunque hay quien sostiene que Rodríguez Zapatero no tendría los «talentos» de Felipe González, también es cierto que las naciones la mayor parte de las veces se arreglan y muy bien con dirigentes de sentido común y practicidad que con los denominados «brillantes». También es obvio que su triunfo electoral más que por sus estrategias se debió a las torpezas y barbaridades de Aznar y los suyos. El asociarse a Bush en una guerra criminal y depredatoria cuyo único fin inconfesable era quedarse con el petróleo irakí, sin perjuicio de la connotación personal de ser el accionista mayoritario de la Unión Fenosa (la Ancap íbera), en clara intención espuria comercial, liquidó toda realización exitosa que pudo tener en su gestión. Hoy España y todo el mundo llora y con razón el crimen de los trenes de Atocha. Terrorismo cobarde y alevoso, sin dudas. Pero también es cierto que nadie reaccionó igual cuando se debió hacerlo pues todos son seres humanos, en el arrasamiento en dos guerras inadmisibles en menos de diez años a Irak, Afganistán y a la actual Palestina, con cientos de miles de víctimas tan inocentes, mujeres, niños, familias enteras, como las españolas. La bajeza y bellaquería de Aznar y su gobierno del PP se agrava cuando queriendo disimular y justificar sus responsabilidades, culpa canallescamente a los vascos sobre el atentado de marras. Nadie con un mínimo de conciencia y humanismo puede aprobar la masacre producida por Al Qaeda. Pero cierto es que si no se hubiesen producido las guerras de Irak, Afganistán y Palestina por yankis, judíos, ingleses y españoles, no hubieran existido los atentados de las Torres Gemelas y la actual de los trenes de Atocha. Eso es evidente y la responsabilidad de Bush como de Aznar es indisimulable. Muy bien Rodríguez Zapatero al ordenar el retiro de las tropas españolas de Irak. No porque 1.300 hombres sean relevantes en una intervención colonialista de 155.000 soldados yankis, ingleses, polacos, etc. Pero el peso político de romper ese eje genocida de Bush, Sharon, Blair y Berlusconi que Aznar integraba deja en evidencia moral a estos criminales. Para el mundo libre felizmente cae el neonazi Aznar y puede ser el anuncio consecuente de los desmoronamientos cercanos de Bush y sus socios. Existe otra lectura también de los desaciertos de la política del PP aznarista en la propia España. Es obvio que los hechos ocurridos reforzaron con los resultados electorales las legítimas tendencias nacionalistas de las diversas naciones de la península ibérica. Los vascos no solo salen limpios sino que justifican sus principios libertarios. Nada tuvieron que ver con los hechos y la reacción del gobierno español descubre las prácticas mentirosas y los desbordes que soportan despóticos y crueles imperiales desde antes, durante y después de Franco. La propia ETA se da el lujo de colocarse un sayo de inocencia.

El proyecto brillante de Ibarretche, lendakari vasco, sobre el estado libre asociado cobra inusitada fuerza, entusiasmo y lógica. Cataluña igual. De un solitario diputado independentista catalán, tan afines a los vascos de parecida sintonía, saltan a ocho representantes. Lo mismo Galicia y hasta Andalucía, donde hay similares principios libertarios. En buen romance, España como consecuencia de sus delirios imperiales nostálgicos, comienza cada vez más a parecerse a la realidad sufrida por la vieja Unión Soviética. La «mandarina» a la que se le «aflojan» los gajos hasta que un día se separan naturalmente, creándose otros estados libres. Los actuales Lituania, Estonia, Polonia, etc. que integraron el imperio Ruso de otrora. A Rodríguez Zapatero hay que darle un razonable aval en el preámbulo de su gestión. Es lógico. Comienza bien. Admite culpas no propias pero sí españolas en crímenes al retirar tropas de ocupación. Va a tener en el marco de sus relaciones con Latinoindoamérica, una relación más fluida y humanista dadas las tendencias nacionalistas que imperan en el continente.

Y en la política interna íbera se verá cómo maneja el complicado mapa regional con los legítimos intereses libertarios de vascos, catalanes, etc. Hay una expectativa creciente y esperanzadora de mejoría donde imperen la razón y el sentido común y no la barbarie de la fuerza que es en definitiva, la razón de las bestias. La mesa de diálogo donde se respeten los derechos y la justicia de todos por igual. Y no las ambiciones personales o intereses imperiales medievales nostálgicos perimidos. Estamos, se supone, en el milenio de la razón y las «luces». Los «siglos de oro» son historias muy antiguas y delirantes. *

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