Alfie, la ciencia y la tecnología

El ministro cumple con lo firmado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), para lo que retacea recursos para rubros fundamentales, los que podríamos enumerar largamente. Hace, de manera silenciosa, lo mismo que uno de sus antecesores, Alberto Bensión, que por el arbitrio de órdenes verbales cambió el destino de cientos de millones de dólares producto de la recaudación, para cubrir las «obligaciones» que, con la banca extranjera, había contraído un grupo de delincuentes puestos a banqueros en el país.

Por lo menos lo hecho por Bensión tuvo el dramatismo de la crisis, la desesperación por hacer lo que su ideología antinacional le indicaba. Lo de Alfie es silencioso pero, intrínsicamente, peor. Recortar a mansalva las partidas de los organismos estatales, sumiendo en la pobreza a quienes cumplen tareas fundamentales para el desenvolvimiento del país, es gravísimo. Hace pocas horas la Fiscalía de Corte indicaba su situación desesperante, advirtiendo a los fiscales que cualquier gasto en que incurrieran para que se cumpliera con el servicio, debía hacerse a cargo de sus propios bolsillos.

Ese es sólo un ejemplo de la situación de pobreza en que la política de un ministro que habla de crecimiento nos ha sumido, de las medidas que adopta para que, por la vía de los hechos, se haga retroceder al país, incumpliendo con decisiones de carácter presupuestal aprobadas en su oportunidad por el Parlamento.

En lo referente a la ciencia y la tecnología, la astringencia de rubros aplicada por Alfie, quien, además de colonizado ideológico, muestra una superlativa irresponsabilidad, hace que ese sector fundamental para el desarrollo del país se encuentre paralizado. Ni siquiera ha advertido que está actuando de manera inversa a lo que hacen muchos otros países, como Argentina y Brasil, que le otorgan a este sector un importante porcentaje de su Producto Bruto Interno (PBI), ni tampoco trata de imitar las políticas de los países del primer mundo que siguen apuntalando al desarrollo de la ciencia y la tecnología, a la que consideran el motor fundamental para sustentar el desarrollo.

El tema es de capital importancia y quien no lo comprenda así, de alguna manera está apuntalando la política de este ministro, que sigue actuando en contra de los más importantes intereses del país.

La Universidad de la República, el Pedeciba, el Conycit, etc., sufren las resultantes de esa política de astringencia presupuestal, organismos a los que el Ministerio de Economía les recorta sistemáticamente los fondos o cuando, simplemente, no los vierte ni siquiera mermados de acuerdo con los arbitrios impuestos por una política carente de perspectivas, que no advierte el mal que le está haciendo al país.

La política del Ministerio de Economía, junto con su contracara, los sueldos de los jerarcas de algún banco, ahora 100 por ciento estatal, que todavía no informó a nadie sobre su gestión, surge como uno de los elementos más negativos. Nos escandalizan algunas políticas del Ministerio de Transporte y Obras Públicas, que sin miramientos favorece a algunos, sin siquiera dar explicaciones válidas por las irregularidades constatadas por la Auditoría Interna de la Nación, pero la persistencia del ministro Alfie en buscar la destrucción de algunos sectores del Estado, es casi un paradigma de lo peor. Son hechos escandalosos, de insólita gravedad, que se siguen produciendo sin que nadie ponga el grito en el cielo, reclamando que un personaje de estas características se aleje de todos los lugares en que su acción puede ocasionar desastres.

¿Habrá que esperar a que asuma el nuevo gobierno para que ello ocurra? ¿En la actual administración no habrá algún resorte que saltará para evitar lo que será una resultante inevitable de tanto desacierto? *

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