Como dice el tango, "el que no afana es un gil"

¿Se enteró, doña María? ¿Se enteró, don José? Cómo de qué. De ese fulano que fue gerente del Banco Hipotecario, que dicen que es el banco de todos, y que se metió más de tres cuartos de millón de dólares en el bolsillo, escamoteados de los sufridos ahorristas como usted por ejemplo, que con sudor, sangre y lágrimas juntan pesito tras pesito para asegurarse el derecho a una vivienda digna.

¿No se había enterado? Déjeme que le cuente. Al hombre lo descubrieron y lo mandaron ante el juez como corresponde. Lo procesaron por estafas reiteradas y lo encarcelaron, pero en la Cárcel Central, la de San José y Yi, donde quisiéramos muchos poder vivir a costillas del Estado, en una de esas celdas VIP, con todos los servicios incluidos. Estuvo cuatro meses y ahora el juez le otorgó la libertad a cambio de una fianza de cincuenta mil dólares. ¿Se da cuenta? El hombre metió la mano en la lata hasta el fondo, se apropió de setecientos cincuenta mil dólares suyos, míos y de todos, porque la platita del Banco Hipotecario es platita de todos los ahorristas, y arregló el asunto con cincuenta mil. Buen negocio, ¿verdad? Y ni siquiera en efectivo. La fianza se hizo con la garantía de una propiedad de la esposa del fulano, porque el pobre hombre no tiene ningún bien ni capital con qué responder, según dicen.

¿Quiere que le diga una cosa? Estos asuntos así no me cierran. Se habla de terminar con la violencia, de disminuir la edad de imputabilidad para los menores infractores, de agrandar las penas para los delitos de hurtos y rapiñas y por otro lado, a los que roban al pueblo, a los delincuentes de guante blanco, a los canallas que se apropian del fruto del esfuerzo de los más humildes, a esos les aplican un código distinto. ¿Y en qué carajo queda entonces eso que dice ese librito del que todos hablan y pocos respetan llamado Constitución Nacional, sobre que todos somos iguales ante la ley? Porque hay hombres cumpliendo condenas de ocho años por robar doscientos pesos y otros, que arreglan la cosa con cuatro meses por afanarse tres cuartos de millón de dólares. Y ni hablemos de los vecinos que tuvo durante este tiempo, los Peirano y compañía, porque sería cuestión de nunca acabar.

Pero escuche que todavía falta lo más lindo del cuento. ¿Sabe qué condena le dio el juez a cambio? Lo puso de profesor en la cárcel de Santiago Vázquez y de Libertad para enseñarle a los presos computación. ¡Justo a él! Que gracias a sus conocimientos precisamente de computación robó una fortuna al banco de todos los uruguayos. No es por pensar mal, de ninguna manera, pero ¿se imagina cuánto y qué podrá enseñarles a sus alumnos tan «meritorio profesor»?

Después de todo, mucho no exagera el Loco Berrueta de mis pagos de San José, que lo mandaron al calabozo por arrear y carnear cien capones gordos ajenos y ahora al enterarse de esto, pidió que le den la libertad bajo fianza pagando con cinco capones gordos de su señora y que lo pongan de profesor de los demás presos maragatos para darles un curso acelerado de «tropero en la oscuridad y matarife en medio del monte con farol a mantilla». Después de todo, reflexiona «El Loco»: «¿Semo’ o no semo’ todos iguales ante la ley?» .Tiene razón Berrueta. ¿O es como dice el tango que el que no llora no mama y el que no afana es un gil? *

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