El gastado discurso castrense

Como cada 14 de abril, la conmemoración del Día de los caídos en defensa de las instituciones o (como prefieren llamarlo algunos) de los caídos en la lucha contra la subversión, fue una oportunidad propicia para exponer, una vez más, la quintaesencia del pensamiento castrense.

Algunos discursos de ex jerarcas hoy en situación de retiro son claramente denotativos de una mentalidad cerrada, inflexible y fijada en el turbulento pasado. Es así que un ex comandante en jefe del Ejército, el teniente general (r) Raúl Mermot, sostuvo en su discurso del Círculo Militar que «las Fuerzas Armadas han soportado, desde el año 1985, un sostenido hostigamiento en su accionar, que ha pretendido desmoralizarlas y minimizarlas».

¿A qué se refiere el ex jerarca cuando habla de hostigamiento al accionar de las FFAA? ¿Puede considerarse como un hostigamiento el más que legítimo reclamo de conocer la verdad de lo que pasó hace treinta años? ¿No cree el ex comandante en jefe que tales reclamos no habrían ocurrido si las Fuerzas Armadas hubieran tenido un gesto de grandeza y hubiesen asumido su responsabilidad y pedido perdón, como sucedió en Argentina, y si hubieran allanado el camino para las investigaciones solicitadas?

Queda demostrado una vez más que la Ley de Caducidad no fue una verdadera solución, y que el tema de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura no fue convenientemente laudado. Antes bien, la malhadada norma –y su aplicación incompleta por parte de gobernantes supuestamente democráticos– significó un elemento de irritación a la vez que actuó como un espaldarazo al silencio cómplice y cobarde y a la renuencia de los militares a aportar datos valiosos para conocer el destino final de los detenidos desaparecidos.

Yerra asimismo el ex jerarca castrense cuando afirma que los guerrilleros urbanos actuaron con violencia indiscriminada y que no reconocieron sus errores. A todos nos consta que, al margen de considerar que toda forma de violencia es condenable, la guerrilla que actuó en el país en los años sesenta y comienzos de los setenta no empleó una violencia indiscriminada sino que por regla general eligió cuidadosamente sus objetivos. Y en cuanto a que no reconocieron sus errores, bueno es recordar que varios de sus miembros lo han hecho.

Por otra parte, la mayoría de ellos fue sometida a tribunales de Justicia (ordinaria y militar) y sufrió las penas correspondientes, algo que no ocurrió con los terroristas de Estado, quienes fueron amnistiados antes de comparecer ante tribunal alguno.

Pero quizá más temerarias han sido las palabras del presidente del Centro Militar. El general (r) Luis Pírez planteó que la guerra ganada por las Fuerzas Armadas contra la subversión «se está perdiendo en el campo psicopolítico (sic) en medio de una gran confusión histórica, donde reiteradamente y en forma deliberada se han falseado los hechos, la cronología de los mismos y las motivaciones que inspiraron a cada uno de los actores». Refiriéndose a los «escraches», señaló más adelante: «Estamos frente a una campaña destinada a crear desconfianza y hostilidad hacia nuestra institución y sus integrantes, buscando además crear en nuestras filas brechas generacionales que nunca las hubo ni las habrá».

Como puede advertirse, tales afirmaciones carecen por completo de toda razonabilidad y verosimilitud. Quienes se han ocupado de falsear el pasado y de tergiversar la historia han sido precisamente los militares nostálgicos y sus cómplices civiles, obstinados en presentar los hechos de forma distorsionada. Y si de hostilidad se trata, conviene tener presente que en caso de que la misma exista, no es contra la institución ni sus integrantes al barrer sino contra aquellos que, escudados tras el silencio se niegan sistemáticamente a reconocer sus yerros y a satisfacer las demandas de la sociedad. *

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