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Por fin se abrieron los grifos del cielo. La tan esperada y ansiada lluvia se hizo presente desde la tarde de ayer, trayendo alivio a todos los uruguayos.

Más allá de la necesidad imperiosa de lluvia para evitar el colapso energético y para que el agro no siguiera perdiendo productividad, el agua –casi un maná– sirvió para que a todos, incluidos los capitalinos, se nos dibujara una sonrisa de alivio.

Alivio por el fin de la canícula malsana, por ver las calles lavadas, por oler el perfume de la lluvia sobre los jardines y el asfalto y por oír su repiqueteo sobre los techos. *

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