Conferencia Regional de Empleo
Comenzo siendo una idea loca, allá por mayo de 2003, en Asunción. No se sabía bien cómo se procesaría y si se podría llevar adelante. Marchas, contramarchas, discusiones, a veces muy duras. Once meses después se concretó. Se está realizando en estas horas en Buenos Aires la Conferencia Regional de Empleo. Se anuncia la presencia del presidente Kirchner, de todos los ministros de Trabajo del Mercosur, de los ministerios de Economía, Educación y cancillerías. Se espera la presencia del director general de OIT, Juan Somavía. Y por supuesto, representaciones de las centrales de trabajadores y de empleadores del Mercosur.
Es un paso adelante muy importante. A punto tal que los órganos ejecutivos del Mercosur, el Grupo Mercado Común- GMC y el Consejo Mercado Común – CMC han declarado el carácter prioritario del tema empleo, razón por la que han resuelto que el mismo debe mantenerse permanentemente en la agenda regional.
Esta conferencia debería ser el punto de arranque de una estrategia de futuro, de la que tendrían que surgir planes y líneas de acción que permitan alcanzar niveles aceptables de empleo en la región.
Porque ¿qué duda puede caber respecto a que el empleo tiene mucho que ver con la cohesión social y con el destino de la sociedad democrática?
No en vano la OIT ha expresado la importancia de promover el trabajo decente, esto es: digno, estable, con respeto a derechos laborales y sindicales y que goce de protección social.
Años atrás todos estos atributos del trabajo eran tan naturales, teóricamente hablando, que no había que andar ratificándolos un día sí y otro también. Pero se nos vinieron encima los salvajes neoliberales, y entonces hubo que salir a recordarlos. La propia OIT se vio obligada a expresarse mundialmente, dando lugar a este asunto del trabajo decente.
Los buenos muchachos nos dijeron que había que priorizar casi en forma excluyente la inversión privada, en detrimento de la pública.
Que teníamos que abrirnos al mundo, para lo cual era necesario tener mucha productividad, ser competitivo, todo ello en base a la desregulación, flexibilidad, bajas de costos laborales, privatización de la seguridad social, priorización de los recursos naturales, de la mano de obra barata, y de las altas tasas de rentabilidad empresarial.
¿Resultados? No los digo yo. Están a la vista. Vaya como ejemplo no sólo el deterioro del empleo, sino lo que está pasando en la región, y Chile con la crisis energética.
Esperemos entonces que de aquí en más se extienda y profundice la integración, esencial para la defensa de nuestros intereses como país, y para que de una buena vez se asuma que el empleo es esencial para la cohesión social y la sociedad democrática. *
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