El embargo a Ancap
Ayer se conoció la información de que la Justicia argentina decretó el embargo de una de las empresas que posee Ancap en la Argentina, empresas que, reiteradamente lo hemos señalado, tenían un funcionamiento para nada claro, sin que los uruguayos conociéramos ni siquiera quiénes eran los responsables de la gestión en las mismas.
Este embargo, impulsado por un grupo de bancos, se debe a que la empresa Petrolera del Conosur (ex Solpetróleo), que explota un grupo de estaciones de servicio, casi todas concesionadas, distribuidoras de combustible que Ancap debe adquirir en el mercado argentino, no cumplió con una obligación contraída con los mismos de algo menos de un millón de dólares. Ni siquiera Ancap pudo, durante todo este tiempo, establecer un régimen de provisión de derivados del petróleo a las mismas, como primigeniamente se buscaba, refinados en Uruguay. Claro, era imposible, porque ante ello, obviamente el país vecino pediría reciprocidad, quebrándose el monopolio que Ancap sigue manteniendo en nuestro país, sin el cual sería inviable.
Las «capitalizaciones», o como se quiera llamar a las transferencias constantes de millones de dólares a estas empresas, que se debieron concretar para sostener el funcionamiento de las mismas, verdaderos monstruos deformes, sin objetivos claros para su existencia, han sido catastróficas para Ancap. Incluso motivaron una investigación parlamentaria que probó diversas irregularidades, cuyo informe final se encuentra en manos de la justicia.
La medida impulsada por cuatro bancos, acreedores de Petrolera del Conosur, no hace más que demostrar la desastrosa gestión del directorio del ente que, más allá de los errores y las falencias en un «negocio» que nunca debió concertarse, no supo o no quiso intentar revertir la situación, sin poder vencer los intereses creados de quienes, de una manera u otra, viven de esos malos negocios.
Pero esto no es lo más grave. Este embargo quizás sea solo el vértice de un iceberg que irá descubriendo toda una problemática que puede determinar gravísimas consecuencias para el organismo estatal que, obviamente, no está en condiciones de mantener por mucho tiempo más la pérdida constante que le significan esos emprendimientos fruto de una concepción idealizada (para calificarla de la mejor manera posible), de la evolución del ente de los combustibles.
Pensar que con la nueva refinería Ancap podría lograr standares de producción adecuados para que parte de la misma se comercializara en la Argentina, no era más que una ilusión trasnochada de alguien que embarcó al país en un gravísimo operativo que se está convirtiendo en el más desastroso de los negocios. Para muchos analistas – y algunos lo adelantaron – el abrir bocas de expendio y distribución de combustibles uruguayos en un país vecino, determinaría la inmediata solicitud de reciprocidad. Era el más simple razonamiento pero, sin embargo, se siguió adelante en el emprendimiento, comprando las acciones de la primigenia Solpetróleo, a un precio mayor del que dichas empresas se cotizaban en la bolsa de Argentina.
De allí hasta la información que da cuenta de la decisión de la justicia argentina, determinando el embargo de Petrolera del Conosur, ha pasado mucha agua bajo los puentes. Sin embargo hasta el momento no hubo ningún reconocimiento oficial del desastre de estas empresas ni tampoco qué medidas podrían comenzar a estudiarse para salvar algo de lo invertido, lo que ahora parece una misión casi imposible. *
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