Abonando una polémica sobre el Partido Nacional
Veo y leo con satisfacción que el columnista de LA REPUBLICA Daniel Rodríguez conoce el euskera y por ende a la raza. Por lo tanto, no nos subestime tanto a mí como al propio senador y su secretaría donde cohabitan varios vascos.
A todos se nos «reviró» las boinas cuando leímos su «gaucho nevex». Primero insiste con poca originalidad, siempre que hay elecciones desde la época de Pericles la izquierda tradicional lo repite, que los partidos históricos están en extinción.
Le aclaro: se habrá dado cuenta que si eso sucediese con los colorados le prometo hacer una operación bancaria comprando una botella de «rubio brebaje» legítimo, Black and White por razones partidarias, y «mamarnos» juntos. Palabra de vasco. Pero tampoco le creo. Lamentablemente las garrapatas, isocas y pediculosis son «bichitos» tan dañinos como difíciles de exterminar. Alguno inevitablemente queda. Los blancos emotivos y frontales siempre volvemos no obstante las crisis que durante 170 años es obvio, se han sufrido.
Y no sólo por todo lo hecho que es mucho, la Patria incluida, sino por nuestra propia idiosincrasia.
Decía Wilson que para opinar de los blancos había que ser blanco. Emocionales, principistas (con excepciones «doctorales», claro está), líricos, romanticones y revolucionarios. ¡Nos encantan las revoluciones!
En un reportaje a Zabalza hace algunos años, le preguntaron por qué un sujeto de extracción social económicamente pudiente se hizo tupamaro. Y el «tambero» contestó con lógica realista. «Mi familia era blanca. Me crié escuchando sobre revoluciones». Y avalo ese aserto. Los juegos infantiles era darle un trapo colorado a los más «boludos» y el resto de la «chiquillada» con varitas los «cagábamos» a varazos. Comandados por alguno de la barra con sombrero que oficiaba del Saravia. Nacionalistas fanáticos defendimos a Nasser y hoy a Arafat, a Marcos, Chávez, Sandino, Perón, Getulio, Rosas, y artiguistas por supuesto, entre otros muchos. Herencia del vasco Oribe que no usaba lanza sino un «bruto» sable de acero toledano obsequio del «Restaurador».
Tuve el inmenso honor de tenerlo en la mano. ¡No nos vamos a extinguir! ¡Pierda cuidado!
El día que el Patrón de Arriba me llame y deba irme envuelto en una mortaja blanca, mis nietitos seguirán naciendo con los pañales y los baberos blancos. Le acepto que somos bastante irracionales.
Los colorados como ustedes son en cambio racionales y positivistas. La logicidad del materialismo dialéctico y el seudo socialismo batllista. ¡Carecen de alma! Nosotros sí la tenemos! Sentimos distinto la Patria sin números ni estadísticas! La nacionalidad, el indoamericanismo, la bandera, el himno y el amor por la tierra misma la interpretamos diferente. ¡Jamás miramos pa’fuera! Por lo expuesto, la «campana» que hace «sonar», tóquesela a otro. ¡Con los blancos no pierda tiempo!
En segundo lugar, también se equivoca con Sanguinetti. Su enemigo supremo no es la izquierda, sino nosotros. Alguien dijo que Julio María era visceralmente antiblanco. Se dice pariente de Chiquito por pura demagogia.
Pero nos odia y ha hecho lo posible por destruirnos. Y no faltó algún «imbécil» deslumbrado por su verborragia, que no fue el Cuqui por cierto, que le «batía la pandora» haciéndonos mucho caños. Creo que es el principal y peor enemigo tanto de ustedes como de nosotros.
En tercer lugar, el paso que pide recurriendo al coraje del gaucho no puede ser algo científicamente programado en gabinetes y bufetes doctorales.
El cruce de caminos se da naturalmente si hay buena disposición y espíritu constructivo. Debe de haber olor a Patria nacionalista.
Por supuesto existen los Carmonas, los Menem, los Uribe, los Montaner, los Aznar, Bush y los Sanguinetti dentro de los partidos. Los tienen ustedes y nosotros. Pero vamos a no ser «otarios» y pegarnos entre los que «rengueamos» parecido.
Y en cuarto lugar dice y dice bien, que afuera hay tanta buena sangre blanca como adentro.
Y sugiere subliminalmente que el gaucho para reencontrarse con ello, se vaya hacia allá. ¡Bárbaro! Si lo hace rompe el partido. ¡Y eso nunca! Pienso en cambio que con gobiernos nacionalistas populares, ya sean de nosotros como de ustedes, con justicia social, reparto equitativo de oportunidades de trabajo, control de abusos bancarios notorios, planes realistas de enseñanza, salud pública integral y financiada, antimperialismo internacional con un Mercosur soberano y respetuoso de los intereses de sus países con independencia absoluta del imperio y otras «menudencias» similares, la vuelta a sus respectivos «pagos» naturales de esa gente es de esperarse.
Sueño con un bipartidismo más justo y racional. Sin los colorados, por supuesto. Como ve Rodríguez, no es de vascos o gallegos inteligentes romper o fumigar avisperos amigos. Agur. *
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