El desafío de apostar a un cambio

Ex senador del Partido Nacional

Para nosotros es insoslayable el paso: hay que ganar las internas con Larrañaga como candidato a la Presidencia de la República para afianzar el compromiso con el cambio, imprescindible, impostergable, que necesita del Partido Nacional y que es inviable sin Larrañaga a la cabeza. No es un «mano a mano» dentro del nacionalismo, es la puja entre el país que queremos y el país como está.

Pueden otras fuerzas; pero no pueden faltar, en esta hora, los blancos. Porque la propuesta se debilita peligrosamente. Hay hechos, hay antecedentes, ejemplos, que queremos modificar, que debemos recomponer, para que la conducción sea distinta a la que hemos tenido a lo largo de los últimos años. Se ha hablado mucho de autoridad y se ha resquebrajado la unidad, de la única manera que la entendemos, en torno a ideas y conductas interpretando al pueblo blanco, que no es el que pesa meramente en las salas partidarias y sillones. Ese pueblo tiene una enorme autoridad para ser escuchado, porque es el que ganó en las urnas cada patriada, cada vez que hubo que acudir a las urnas.

Los que quisieron imponer otro estilo de Partido, dar órdenes con soberbia, perdieron irremediablemente, siempre ganó la masa del silencio, en cada convocatoria. Con un mensaje concluyente: sin el pueblo nada, y hoy el soberano tiene el lugar que supo ganar. Que puede imponer su mandato, que puede confiar en Larrañaga. Un hombre de gobierno, con claros antecedentes en la Intendencia de Paysandú, con un programa que llevará en la mano, que habrá que ajustar sobre la realidad, con el aval de un equipo que habrá que estructurar, pero la gente valiosa está y otros con experiencia llegarán.

De manera que no habrá excusas para desoír el compromiso. Larrañaga se ha mostrado como un hombre de diálogo porque hay una consigna que no podemos descuidar. Si los que sentimos y queremos las mismas cosas no somos capaces de construir ámbitos de confluencia, el país se nos puede ir al tacho, y bien sabemos que la situación no admite riesgos. Porque todas las colectividades tienen fisuras serias, sin excepción, pero no vamos a omitir responsabilidades señalando a las demás.

Se dirá que personalizamos la interna blanca un un gran duelo electoral con Lacalle. Pues sí, es así, lo que no supone agravio, ellos tendrán su visión, avalada por directivas que no compartimos, nosotros las nuestras. Y las queremos llevar adelante sin resignar postulados ni principios.

Y el pueblo decidirá, y lo mismo en otros partidos en los que una «parte» puede tener más afinidades con esta fuerza que otras, o arriesgarse a una ruleta política instigados por hurgadores de votos. No es ese nuestro camino, y por eso hablamos claro.

Lo que somos, lo que queremos, adónde vamos, con la «credencial » que exhibe Larrañaga, «cualquiera sabe en dónde estuvimos y qué hicimos a lo largo de estos años».

Por ello tenemos que hacer el mayor esfuerzo para ganar las internas del 27 de junio y empezar ya a transformar al Partido para que sea el instrumento que el país necesita.

Hay que recuperar la credibilidad, prestigiar la función pública, no es una tarea de elitistas, pero tampoco de los que no han conservado la línea. Cada uno con sus cartas y sus garantías.

Después, a mirar las nacionales, sin dejar nada por el camino. En las Internas comienza el cambio en la medida en que la gente interprete nuestro mensaje y crea en él

Apueste a Larrañaga como conductor de una gran empresa nacional de la que muchos esperan y necesitan resultados, primero fueron los emigrantes, después los que la siguen peleando aquí, los desocupados, los que tienen derecho a recibir de su país, que es el nuestro, las posibilidades que se les han negado, la protección de la salud, de una enseñanza digna, de no renunciar a luchar.

Vamos a exigirle mucho a Larrañaga y a brindarle lo que al alcance da cada compatriota esté. Lindo desafío. *

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