La pasión de Cristo según Mel Gibson
La película es durísima y realista. Es el relato vivo del mayor crimen y la más feroz tortura de la historia. La imagen de la misma es la reproducción de los sufrimientos de los débiles por los poderosos, de los humildes por los fanáticos del poder, de los pobres y explotados por los déspotas imperiales apoyados por cipayos ambiciosos y sin conciencia que explotaron y lo seguirán haciendo mientras no se interprete la sangre, las llagas, la carne lacerada y el monstruoso e infinito dolor y sacrificio que por amor al prójimo sufriente, que son los míseros del mundo, hizo Cristo.
La historia se ha repetido como un verdadero determinismo inexorable. El imperialismo antiguo romano apoyado por los pueblos cipayos de la época que ayudaban y cooperaban en las depredaciones, son los yankis de ahora con sus estados satélites: Israel, España, Inglaterra, Italia, etc. El emperador omnipotente de antaño con sus jefes de Estado menores no menos criminales y depredadores son los actuales Bush, Sharon, Blair, Aznar, Berlusconi, etc.
En aquella época se crucificaba, se laceraba y lanceaba, se usaban potros y clavos en manos y pies, y se gozaba colocando coronas de espinas en la cabeza. Hoy se quema con fuego líquido (napalm) bacterias exterminadoras, se entierran seres humanos vivos en las dunas de arena con topadoras o palas mecánicas, se borran del mapa con misiles de largo alcance ciudades enteras y se barren niños y jóvenes (que sólo responden con piedras y hondas), con metralla en helicópteros artillados. Y todo está hermanado en iguales razones. La ambición del poder y las riquezas ajenas.
Cristo no muere por el poder material o político. Su poder no es de este mundo. Muere reivindicando espiritual y humanamente a los pobrecitos sometidos. «Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico y poderoso (Bush, Sharon, Aznar, etc.) entre al Reino de los Cielos». Nadie tiene derecho a quedarse con lo ajeno y con más razón la vida, salvo Dios. Y Dios hay uno solo. Que no es por cierto ni Atila, ni Pol Pot, ni Hitler, ni Bush, ni Sharon, ni Aznar, etc.
La vida es sagrada ya sean las que fanáticos asesinos terroristas inmolaron (200) en los trenes españoles de Atocha, como los cientos de miles de vidas que para quedarse con el petróleo en un subsuelo o territorios con otras riquezas, hemos sufrido a través del tiempo. Jesús nos representa y nos sigue indicando con su Cruz una enseñanza de amor pero también de resistencia estoica que sólo el Hijo de Dios pudo hacer. En medio de su padecimiento tuvo palabras de perdón para los culpables del miserable crimen. «Perdónalos Señor: no saben lo que hacen».
Claro, no obstante las palabras magníficas llenas de infinito amor por el hombre, es obvio que hubo culpables.
Poncio Pilatos era el político corrupto que se lavó las manos por cobardía y por comodidad perversa aceptando la presión del pueblo culpable, carencia total de piedad, etc. Tuvo, narra la historia, su castigo, muriendo como un miserable que fue. Al igual que los tiranos y explotadores imperiales que aunque algunos mueran en la cama, todos son maldecidos por sus iniquidades.
También es cierto que siempre cabe el arrepentimiento. Pero los imperios como el romano antiguo y sus Poncio Pilatos nunca se arrepintieron y terminaron trágicamente.
Y los pueblos cipayos que los ayudaron y aún ayudan a los actuales habiendo exigido la cruxifición de Cristo, y que a través de los milenios jamás ninguno se arrodilló ante una Cruz a pedirle perdón por la infamia criminal, demostrando que aún hoy, dos mil años después prefieren a Barrabás, también sus ambiciones despóticas imperiales, caerán de igual manera.
Los pueblos oprimidos son los Espartaco que también murieron en la cruz por la libertad y dignidad que representa Jesús. Su mensaje de amor, libertad y justicia sigue sin ser oído por los poderosos.
La «bestia» representada por los Tiberio, los Herodes, los Poncio Pilatos y sacerdotes del templo, como los actuales que dicen defender el «mal sobre el bien» y masacran naciones enteras que sólo defienden su libertad y soberanía, los culpables de tanto crimen, me cuesta creer que puedan entrar al Reino de los Cielos.
Soy humano y no puedo decidir. ¡Que lo haga El! No caben dudas que hará justicia.
¡Felices Pascuas para todos!*
Compartí tu opinión con toda la comunidad