Los medios de comunicación y la inseguridad argentina

La conmoción social y las grandes demostraciones de masas llevadas a cabo en Argentina en relación con el secuestro y asesinato del joven Alex Blumberg han irrumpido en el panorama político y parlamentario de nuestros vecinos con una fuerza excepcional.

Desde el gobierno de la provincia de Buenos Aires, territorio privilegiado para el crimen, el asunto ha sido asumido con algunas declaraciones y gestos espectaculares a los que nos referiremos más adelante.

Como para nosotros toda la problemática referida a la actuación de los medios de comunicación y la democracia nos parece de especial importancia, pretendemos trasladar al lector algunos enfoques interesantes acerca de este auge de la delincuencia y estas multitudinarias manifestaciones exigiendo justicia.

Se ha señalado, por ejemplo, la enorme responsabilidad de los cuerpos policiales de la provincia en el auge de los secuestros a cambio de rescate. El porcentaje alto de los casos que se han aclarado permite constatar la complicidad directa o indirecta de funcionarios y jerarcas policiales.

Gran parte de las espectaculares medidas anunciadas tendrán sin duda mucho costo pero nula o casi nula eficacia para prevenir o resolver la ola criminal. De acuerdo a una nota de Rodrigo Guevara difundida por la agencia IAR Noticias, por decreto de los cuatro monopolios mediáticos que controlan y orientan conductas masivas en el país a través de la «información» (Grupo Clarín, Grupo Haddad, Telefé y América TV) la única opción válida de protesta masiva en el país, la que los medios no «descalifican», la que otorga «prestigio de militante social», es la lucha contra la «inseguridad». O sea la lucha contra la delincuencia común, no la lucha contra la delincuencia de mercado. Según lo establecido por los comerciantes de la información masiva, el gran problema estratégico de la Argentina son los secuestros y los asaltos comunes.

Lo que produce «inseguridad» no pasa por el estrés del desocupado o el hambre del indigente, pasa por los secuestros novelados (si agravados por muerte, más rentables) que los canales, radios y diarios comercializan como si fueran comestibles de primera necesidad. El sujeto de la información, el receptor pasivo, igual que el perro de Pavlow, es condicionado a diario por tres palabras mágicas: secuestro, robo, violación.

Habitual indiferente masivo a las palabras desocupación, injusticia social, hambre, el televidente nivel promedio estadístico, sólo segrega adrenalina y se moviliza cuando los grandes medios -magos de la inducción colectiva- lo convocan a luchar contra la delincuencia de menor porte.

Para el analista de IAR Noticias, el asunto tiene otras proyecciones; concluye: «Cuando se estudia y se analiza metódicamente la misión y la función de las políticas informativas y sus emergentes en el cerebro de las mayorías, se toma conciencia cabal de un hecho irrefutable: los medios de comunicación sustituyeron a los ejércitos militares en las tareas de control y represión social.

El desmantelamiento cerebral tornó obsoletas las funciones represivas de los militares de la ‘doctrina de seguridad nacional’, quienes fueron sustituidos por la eficiencia de los medios y periodistas que construyen información sin la presencia de los beneficiarios y ejecutores de los genocidios económicos: banqueros, empresarios y políticos que pasan desapercibidos en las grandes coberturas informativas. Canalizar la adrenalina y los conflictos sociales por el lado de la ‘lucha contra la delincuencia’, es un ejemplo claro de dominación, para la cual ya no se necesitan tanques ni fusiles.

El que lucha contra la delincuencia común, no lucha contra los banqueros ni contra los políticos bribones que los representan a cambio de prebendas y riquezas.»

Se trata sin duda de un punto de vista discutible. Pero hay que admitir que invita a reflexionar sobre hechos a los que a menudo no se les encuentra explicación razonable si no se tienen elementos más profundos para su valoración. *

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