De cara a las internas
El acontecimiento político inmediato mas importante, es , sin dudas, el concerniente a las «internas» interpartidarias de junio, del que saldrá un candidato presidenciable úniico por cada fuerza en pugna.
Se trata de un «acontecimiento» de la democracia (un tanto) representativa que tenemos, con un alto contenido de mensaje político, y un eslabón mas de los sucesivos que culminarán , ni mas ni menos, en octubre/noviembre con la elección del nuevo presidente de la República .
Y queremos precisar el contenido político que al acto conlleva. Porque no se trata de un mero trámite de «ajuste de cuentas» interno en cada fuerza para saber quien es el «uno» en cada una de ellas. Es también un «tanteo» para pulsear como se distribuye aparentemente y en principio, el poder de convocatoria de las fuerzas en pugna , entre la población potencialmente votante. Porque no es lo mismo, tener en dichas internas un electorado «propio», que signifique el 50% o mas de los votos totales emitidos, que tener un 20% o un 5%.
Pero dicha importancia, bastante mas que simbólica, no es, sin embargo, apreciada con claridad por la totalidad de la población involucrada.
La democracia, con sus virtudes y sus defectos, implica una participación activa de quienes tienen derecho a ejercerla, en cada una de las instancias en que se le convoca. Y se puede llegar a pagar muy caro el error en la deecisión o la omisión de tomarla.
Y ya aparecen conductas posibles que muestran un error de apreciación, demostrando no evaluar correctamente la trascendencia de lo que está en juego
Hemos oído por ahí:, enmas de una ocasión
«Yo no voy a votar , porque la elección no es obligatoria…», o también,
«Como la interna de mi partido está ya resuelta, voy a tratar de incidir en la de otro partido, para favorecer al menos malo de los candidatos»
Ambos planteos conllevan implícito, un error de concepción, que por acción errónea u omisión, pueden tener incidencia en el futuro del País. Nada menos.
Si bien es cierto que la elección no es obligatoria, desde el punto de vista legal estrictamente, ello no significa que dé lo mismo votar que no hacerlo.
Se están jugando instancias muy importantes, decisivas, respecto al futuro de la Patria. Nada menos que la posibilidad de cambiar este trillo que nos ha conducido al abismo donde estamos, por otro que nos vuelva a poner en el riel del País productivo que alguna vez ostentamos, y no debimos abandonar. Y esta elección primaria, marca desde ya, inconfundiblemente, si se está del lado del cambio posible, o del «statu quo» que ha delineado férrea y tozudamente, desde siempre, el gobierno en manos de la oligarquía. Y corresponde explicarle al «indeciso», que la votación es simultánea para todos los partidos, y por lo tanto, por si este fuera el verdadero y oculto motivo de su anunciada inasistencia, el temor a ser «identificado» como adherente a alguna fuerza en particular, no se va a detectar su opción.
Lo mismo ocurre con aquellos que, un poco tentados por la «travesura» a la que los uruguayos solemos tener afición, piensan que, estando clara y solucionada la candidatura en su partido, es mas útil utilizar su voto, para incidir en la interna de otro partido, buscando apoyar al menor de los males.
Esta tampoco es una opción inteligente, dado que, introduce en el resultado final, un factor artificial distorsionante, una falsa idea de la realidad, pues, en definitiva, ese voto, que , en la votación final, se volcará inexorablemente a SU partido, en esta oportunidad, aparece engrosando los votos del enemigo.
La acción progresista debiera mostrar en esta instancia de las internas,necesariamente, la capacidad de convocar a mas del 50% de los votantes totales de este evento. Ello significaría un mensaje claro y alentador, de que el EP-FA, coincidiendo con lo que están preanunciando la totalidad de las encuestas, va camino de materializar su triunfo en la primera vuelta. Cosa para nada intrascendente, habida cuenta que, las dos opciones de la oligarquía, que hoy aparecen como presumiblemente distanciadas y hasta antagónicas, compitiendo duramente, han gobernado juntas en todo este periplo nefasto de Batlle, y sin ninguna duda, e independientemente de las «caras nuevas»(?) que han sacado de apuro de la tramoya politiquera, van a concluir nuevamente, en el momento en que les sea necesario y oportuno, que «llegó la hora de votar juntos», como lo hicieran en la última instancia electoral.
A no equivocarse, ciudadanos. Las opciones de participación directa en la democracia son pocas y a ellas se tiene un irrenunciable derecho. Pero ese derecho conlleva una obligación, de tratar de no equivocares por error de acción u omisión.
Se dice, con acierto, que el triunfo en una elección no es producto de unos meses de trabajo correcto, sino de varios años. En la recta final, cada baza ganada vale oro.
Esta es una de ellas.
Pensemos en la trascendencia de este acto, porque después, de las consecuencias incalculadas de los errores cometidos, por desidia, pereza o inoportuno desentendimiento, no alcanzan cinco largos años para arrepentirse. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad