0 en conducta

No es común perder por tres goles de locatario y frente a un equipo modesto. El cero en conducta se lo merece no solamente por el balde de agua que hizo caer sobre las esperanzas de un pueblo futbolero demasiado castigado por la crisis y ansiando, por lo mismo, tener algún motivo de regocijo; no sólo porque hace peligrar la clasificación para el próximo mundial (a pesar de que «matemáticamente tenemos chance»); por todo eso, pero fundamentalmente por la tozudez y la soberbia de un técnico en quien la afición había cifrado razonables expectativas. *

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