Kirchner es Cámpora sin la tutela de Perón

No echamos a vuelo las campanas ni agitamos banderas. Esperamos hacerlo, y cuanto antes mejor. La Argentina está dejando atrás la larga y sombría noche de la recesión, la incertidumbre y la capitulación. Faltan aún muchas alboradas para consolidar un proyecto nacional, renovador y progresista que tiene como único antecedente en el peronismo al efímero gobierno de Héctor Cámpora.

Con el derrocamiento del presidente Arturo Illia, radical de la estirpe de Alem e Yrigoyen, se suceden en la república hermana una seguidilla de dictaduras militares hasta que el general Alejandro Lanusse decide restablecer las instituciones democráticas, no sin antes declarar que el Ejército demostró su incapacidad para gobernar. Años después el general Martín Balza iría más lejos, afirmando que las Fuerzas Armadas dejaron de ser la reserva moral de la nación.

Como hay una tendencia a olvidar o minimizar hechos que son parte de la historia de un país, recordamos uno acaecido durante ese período y que pasó a llamarse el Cordobazo. Una huelga obrera por salarios en la industria automotriz en Córdoba culmina en estallido social en esa provincia y provoca la renuncia del entonces presidente general Juan Carlos Onganía. Creemos no equivocarnos al decir que en el siglo pasado es el primer caso en el continente en que una huelga obrera tumba a un dictador.

No cabe duda que en la decisión de Lanusse de retorno a la legalidad por vía de las urnas pesaba y en gran medida la jornada que tuvo por escenario a la ciudad cuna de la Reforma Universitaria de 1918. Exiliado e interdicto Perón, su candidato, Héctor Cámpora, ex presidente de la Cámara de Diputados, triunfa por abrumadora mayoría. Como contrapartida del entusiasmo popular cunde la preocupación y alarma en los sectores de la oligarquía y en los centros de poder financiero, pero fundamentalmente del propio Perón porque los emprendimientos no se correspondían con sus ideas y planes y también era imperioso neutralizar el advenimiento de otro líder en el movimiento.

En apenas tres meses de gobierno, Cámpora es obligado a renunciar y un presidente provisorio se encarga de convocar a nuevas elecciones con Perón como candidato del justicialismo. Los que implacablemente se oponían a su regreso del exilio, sin pan duro, del jefe de los descamisados, le dan la bienvenida para llevarlo a la Casa Rosada a través de elecciones para dar sepultura al «proyecto Cámpora» y devolver la tranquilidad, seguridad y privilegios al empresariado y a las Fuerzas Armadas.

Se inicia así lo que se llamó período de estabilidad y se extiende hasta la muerte del presidente. Sobrevienen los acontecimientos más trágicos que vivió la Argentina con otros países del hemisferio. Nuevamente los «salvadores de la patria» coparon el gobierno. Recuperada la institucionalidad, el FMI bloquea y hostiga al vacilante gobierno de Raúl Alfonsín, para abrir paso a la administración más entreguista y corrupta que conoció el país, comandada por Carlos Menem y sustentada después por la ultraderecha del radicalismo, retrotrayendo a la Argentina a una situación que parecía superada, pero esta vez, dentro de la Constitución, en relaciones carnales con los EEUU y el acatamiento irrestricto del modelo neoliberal.

Orillamos episodios, marchas y contramarchas, angustias y desesperanzas para instalar a Kirchner en el poder, sin tutela, pese al apoyo de corrientes conservadoras. Y mucho antes de lo que se pensaba, los argentinos recobran la confianza en sus propias fuerzas para comenzar a rehabilitar a una nación dotada de recursos para alimentar a 300 millones de personas. Con la lógica impaciencia de los sumergidos, las naturales urgencias de los desocupados y los legítimos reclamos de una sociedad deprimida, el gobierno ratifica su sensibilidad, contemplando dentro de las actuales limitaciones, las reivindicaciones de la población, en su gran mayoría, comprometida con la empresa común de la reconstrucción y crecimiento económico, del fortalecimiento de la democracia con justicia social, la plena vigencia de los derechos humanos y el fin de la impunidad, con Fuerzas Armadas que dejaron de deliberar para obedecer. *

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