"Desde el pie"

Todos los uruguayos sabemos, por experiencia adquirida y porque también lo recalcó Alfredo Zitarrosa, que así como la mañana y el día  esto es: lo cotidiano  crecen desde el pie, no hay revoluciones tempranas, puesto que todo se desarrolla desde abajo hacia arriba y requiere su tiempo de maduración.

Los cambios sociales, al igual que los culturales que puedan sobrevenir, necesitan de un proceso que requiere sus condiciones y sus tiempos.

Así como los organismos vivos necesitan de sol, agua, diversos nutrientes y cuidados, donde también es imprescindible la reiteración de los días hasta alcanzar los suficientes para el crecimiento y la madurez, las sociedades van operando sus cambios en un proceso que  a diferencia de la naturaleza  no registra siempre los mismos tiempos. No tiene por qué hacerlo, y cada sociedad presenta sus peculiaridades, lo que la distingue de las demás.

Cuando decimos «desde el pie», también nos estamos refiriendo a los de abajo, los «de a pie», los esforzados militantes en tanto gestores e impulsores de ese crecimiento cuanto de las transformaciones, puesto que las sociedades, más que nacer, crecer y morir, lo que hacen es transformarse, evolucionar permanentemente.

Tengo la convicción que, más allá de lo que determine el resultado electoral de octubre próximo, la sociedad uruguaya, nuestro pueblo oriental, continuará un camino de cambios que creo ha comenzado y no se detendrá, dado que esa idea  la del cambio impostergable  parece estar alcanzando su punto de maduración. La mayoría (en este asunto cuenta lo numérico) va a expresarse una vez más por el cambio, como lo hiciera ya en diciembre último. Y conste que no estoy confundiendo las cosas; todos sabemos a qué me refiero.

No imagino que pueda revertirse el contundente pronunciamiento que nuestra ciudadanía emitiera en aquella cercana oportunidad y que evidencia, entre otras cosas, un alto grado de credibilidad en algunos actores políticos y sociales y sus propuestas.

Claro está, nadie lo ignora, que en estas contiendas electorales inciden muchos elementos, sucesos y componentes, así como también el aspecto anímico puede llegar a jugar un rol decisivo.

Tengo presente que los partidos históricos ya están intentando «renovarse» para que las ofertas que hagan y las medidas que anuncien tengan la credibilidad de la que vienen careciendo hasta el momento, procurando despegarlas de aquellos referentes que, teniendo la oportunidad, no hicieron lo que hoy proponen. Y conste que la oportunidad se reiteró ya que gobernaron por años, pero cogobernaron durante décadas.

Sé que ese cambio de imagen y de posturas puede confundir a muchos votantes; lo hacen precisamente para eso, para poder salir de ese último escalón donde los sitúan las encuestas.

También es el escalón en el que los ubicó la ciudadanía el 7 de diciembre pasado, pero nada asegura que esta situación no vaya a modificarse por la dinámica de los acontecimientos que puedan generarse y porque todavía falta bastante para las próximas elecciones.

En aquella oportunidad, ellos  todos juntos  no llegaron al 37% de las voluntades, y hoy les resulta imperioso, otra vez todos juntos, superar el 50% de los votos.

La batalla electoral no resultará fácil para nadie, y el resultado, aunque previsible, no sólo es incierto; también puede cambiar el mapa electoral, y de eso se trata, para todos: conquistar votos para alcanzar mayorías.

En eso andamos todos y vamos a encarar nuestras campañas con la intensidad y eficacia de las que seamos capaces. Históricamente los medios de comunicación, especialmente los más grandes, han jugado un papel determinante, y es posible que esto vuelva a suceder. No obstante, es posible  y así espero que ocurra  que más que al momento de los «medios», asistamos al momento de la gente. De la gente en su totalidad, no sólo de nuestra gente.

Los medios de comunicación informarán y mostrarán las distintas ofertas y opciones en materia electoral. Probablemente, esta instancia resulte más equilibrada que las anteriores en cuanto a tiempos y presencias  algo así como cierta «igualdad» en la «pluralidad» , sin cometer la ingenuidad de ignorar la incidencia que cualquier favoritismo pueda tener. Sesgar la información, o lograr cierto efecto al titular una noticia, puede insinuar u orientar la línea de pensamiento de muchas personas, lo que puede ser tan peligroso como decisivo.

A pesar de estas advertencias, insisto en la potencialidad de la gente, de la sociedad civil, dado que nada sustituye el intercambio de opiniones e informaciones en el seno familiar, en el barrio, en el trabajo o el estudio (para los que tienen ese privilegio hoy). La enorme importancia que sigo asignando a las barriadas, al «puerta a puerta», así como a la presencia militante en ferias o espectáculos artísticos y deportivos, es, en última instancia, la garantía de la difusión de nuestro programa y de las principales líneas de acción.

Más que la enorme ilusión, tengo la profunda convicción que, en octubre y sin segunda vuelta, vamos a ganar. La mayoría de la gente ya está decidida, lo asumió y lo expresó cuando tuvo la oportunidad.Pero antes, hay que atravesar las internas de junio, que no son obligatorias pero sí tremendamente importantes. Hay que ganar desde ese momento para asegurar el triunfo posterior, y no hay que equivocarse procurando incidir en el interna de otras tiendas. Ni fue útil antes ni hay certezas de que lo sea ahora. Además, sin juzgar intenciones, será una lucha entre iguales, porque más allá del candidato resultante, el programa lo harán entre todos y porque la política a aplicar será otra vez más de lo mismo. La única esperanza de un cambio positivo radica en nuestra fuerza política, el EP-FA y la Nueva Mayoría, que sigue sumando voluntades día tras día, recibe incorporaciones de algunos referentes extrapartidarios, pero, más que otra cosa, de gente, de pueblo.

En los partidos históricos observamos corrimientos internos, de precandidatos, caudillos y referentes, pero cada vez con menos gente detrás de los mismos.

No pretendo ofender y mucho menos subestimar; aún no hemos ganado y habrá que esforzarse mucho para lograrlo. Solamente señalo que el partido que insiste con fuerza en su condición de segundo en las mediciones, sigue lejos del primero y ni siquiera alcanza, todavía, el muy magro porcentaje que le obtuviera en las pasadas elecciones.

Observo además que en las inauguraciones de locales o cantones barriales de nuestra Alianza Progresista  y me consta que lo mismo ocurre con todos los sectores de nuestra fuerza política  la adhesión y presencia de vecinos es no sólo importante sino creciente.

La necesidad impostergable de soluciones a las angustias de la gente, junto al respeto, la convicción y la credibilidad que la fórmula Tabaré Nin genera en «los de abajo», es la que creo va a posibilitar el triunfo histórico para que se habilite un nuevo tiempo en nuestro querido Uruguay.

Un tiempo mejor, más justo, fraterno, solidario y productivo.

Un país que volverá a ser.

Una patria que se construirá, una vez más, «desde el pie», con la participación de muchos orientales honestos y de buena voluntad, por encima de banderas partidarias. *

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