La mala memoria del doctor Lacalle
El doctor Luis Alberto Lacalle está construyendo su discurso basándose en la filosofía del «carnaval de las promesas», por eso en cada acto que habla ofrece aumentar los salarios, crear miles de puestos de trabajo, reducir impuestos, presentándose como el «vengador» que va a impedir el avance del progresismo.
Hasta aquí, por cierto, todo dentro de lo esperado. Pero como la vida da sorpresas, nos encontramos con que el doctor Lacalle, al igual que el doctor Julio María Sanguinetti, ha comenzado a tergiversar la historia: sencillamente, a mentir.
El pasado sábado en la ciudad de Las Piedras el candidato del Herrerismo y de la derecha neoliberal de nuestro país dijo esto, aunque usted no lo crea: «Nadie en la campaña ha hablado de los jubilados». Agregando que eso es así porque los otros candidatos tienen «miedo a que alguien oiga la palabra y aparezca en la memoria que su mejor momento fue durante el gobierno del Partido Nacional. No sea cosa que esos 450 mil votantes refresquen la memoria y vean que nunca estuvieron mejor. Los demás (partidos), de ese tema, nada».
En honor a la verdad hay que decir que es correcto afirmar que en esos años los jubilados vivieron mejor, pero no por méritos del doctor Lacalle sino a pesar del doctor Lacalle.
En 1989, algo que el candidato del Herrerismo olvidó, entró en vigencia la reforma del artículo 67 de la Constitución. Reforma que surgió de un plebiscito promovido por las organizaciones de los jubilados y apoyado por el Frente Amplio y que significó un duro golpe a las políticas antipopulares que ya venía practicando el doctor Sanguinetti y que continuó y Lacalle en los cinco años posteriores.
El segundo inciso del artículo 67 quedó redactado así: «Los ajustes de las asignaciones y de jubilación y pensión no podrán ser inferiores a la variación del Indice Medios de Salarios, y se efectuarán en las mismas oportunidades en que se establezcan ajustes o aumentos en las remuneraciones de la Administración Central».
Esta obligación que le impuso el constituyente, en este caso la ciudadanía uruguaya, al Presidente de la República provocó una fisura en el muro neoliberal, al grado que aún hoy el doctor Ignacio de Posadas sigue despotricando contra él, a pesar de que los gobiernos posteriores lograron tirar abajo el Indice Medio de Salarios y con ello pusieron a la baja a las jubilaciones.
Seguramente el doctor Lacalle recuerda que el 6 de marzo de 1990, cuando aún no había calentado el sillón presidencial, envió al parlamento su proyecto de ley de «Régimen tributario y aportes al Banco de Previsión Social».
En su mensaje y exposición de motivos hace referencia a la situación fiscal heredada del gobierno anterior y a las consecuencias de la «reforma del Art. 67 de la Constitución , aprobada en el plebiscito del 26 de noviembre del año pasado, relativa al ajuste de pasividades», que «involucra un incremento sustancial del gasto y por consiguiente un relevante efecto de acrecentamiento del ya elevado déficit fiscal».
Con el mismo talante se manifestó el doctor Ignacio de Posadas en el Senado de la República el 29 de mayo de 1992, siendo ministro de Economía y Finanzas: «La reforma de la seguridad social (en el plebiscito de 1989) selló la suerte futura del Uruguay porque aumentó los gastos a niveles insostenibles».
Con esas palabras, una vez más, el doctor Lacalle muestra que tuvo que aceptar de mala gana el triunfo de los jubilados y aplicar políticas contrarias a su ideología. Por eso no es válido que ahora en la ciudad de Las Piedras, la ciudad donde José Artigas inició la patriada por la dignidad de los orientales, se apueste a la pérdida de la memoria de toda la población y de ese modo se intente engañar a los jubilados tergiversando la historia. *
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