Larrañaga suma con Lacalle, Sanguinetti y Batlle
Lamentablemente es así y es bueno saberlo para que no nos engañen de nuevo, por enésima vez. Hay que decirlo fuerte: Larrañaga suma con la Vieja Mayoría, aquella que nos ha gobernado hasta ahora. Mal que le pese a don Leopoldo Amondarain, somos muchos los que nos hemos dado cuenta que tras la buena sonrisa del candidato blanco y de su trayectoria bien ganada (voto verde en 1989) terminará arrimando los votos y haciendo coaliciones con los que entre otras cosas han perpetuado la impunidad.
De la misma forma que actuó, cuando en setiembre del 2003, arrancó a todo galope defendiendo la ley de Asociación de Ancap, llamando a todos los blancos y a los uruguayos a mantener esa ley, de la cual se adjudicaba el padrinazgo. Esa ley no es de los colorados, no es del gobierno decía el senador, esa la ley es nuestra reclamaba entonces. La ley de los senadores blancos, de Heber, Gallinal y Larrañaga, es la ley del Partido Nacional y la vamos a defender con todo nuestro esfuerzo.
Para semejante invitación, en realidad el tiro resultó corto. Porque a las poquitas semanas se terminó el galope, con la encuesta en la mano y un resultado difícil ya a la vista, se acabaron los gritos, sin ruido desmontó el gaucho, desensilló el flete y se marchó callado, sin saludar al resto de aquella tropa que todavía seguía con eso de que la ley era de los blancos.
Miren qué sorpresa. Claro que entiendo que a don Leopoldo no le agrade que se lo hagamos notar. Y que recurra a las gestas gloriosas del Partido Nacional de antaño. Vaya que si las tiene ese partido y las respetamos. Pero tendrá que admitir don Leopoldo que, desde la muerte de Wilson, no ha habido una sola vez que su voto no haya ido a juntarse con lo más rancio y conservador de los partidos tradicionales.
Y a pesar de su disgusto, lo vamos a seguir diciendo, una y otra vez, porque es verdad. Larrañaga suma con el triunvirato (Lacalle, Sanguinetti y Batlle) que es responsable de la peor crisis del país. Si no le gusta que le descubramos el juego, mala suerte, pero ahí está: pica, le dimos la pica. No podemos permitir que engañen a los uruguayos otra vez.
Todo es muy simple. Razonemos juntos: si Larrañaga gana la interna, será inmediatamente abrazado por Lacalle. ¿O acaso va a rechazar el apoyo del otro líder, que representa a la mitad del partido? Será el ex presidente, o alguien indicado por él, quien lo acompañe en la fórmula. Es probable que no quieran a Lacalle como candidato a Vicepresidente porque anda muy bajo en la opinión pública, pero sí querrán que los ayude, que les proponga un Vice más potable, Luis Alberto Heber, por ejemplo, y por supuesto que les arrime los votos, los recursos humanos y de los «otros».
¿Y después? Después vendrá el carnaval de las promesas, como ésta del IVA y del IRP, que curiosamente tanto prometen sacarlo en años electorales y luego nunca se acuerdan de cumplir. Y si les va bien, irán corriendo a abrazarse con el Partido Colorado, para ganarle al cambio, a la esperanza y a la Nueva Mayoría. ¿O no lo harán, Don Leopoldo? ¿Verdad que sí, que esa es la conocida e inevitable mecánica en el juego de los partidos tradicionales? En fin, todo vale para mantenerse en el poder y entre bueyes no hay
cornadas.
Si logran que haya una segunda vuelta, imaginemos lo que sería el último acto de campaña, entre una elección y otra: las banderas coloradas y blancas juntas, con Larrañaga alzando los brazos de saludo a los «correligionarios», mientras más atrás en el estrado, pero no muy atrás, van a saludar también Lacalle y Sanguinetti. ¿Batlle? Espiritualmente, Batlle también saludaría, si no tuviera el impedimento, por su calidad de actual Presidente, de hacer campaña electoral. ¿Y si no estuviera impedido? Tampoco estaría, es obvio, no son tan tontos como para mostrarlo, después de su «brillante» gestión al frente de un gobierno de coalición, que en los hechos sigue existiendo, porque se fueron de los ministerios pero siguen prendidos a los cargos en los entes y en la administración.
¿Y si es Larrañaga quien pierde la interna? Ese no es un detalle sin importancia. ¿Se irá para su casa? ¡Por favor, todos sabemos que no! Saldrá a recorrer los caminos de la patria, candidato a Vice de Lacalle (aunque ahora lo niegue mil veces), como un buen soldado del partido, a decirnos que «su» candidato es el mejor presidente posible para el Uruguay de estos momentos. Los uruguayos de a pie, sorprendidos, y los blancos que unos días antes lo votaron, estupefactos.
¿Y si no va de Vice? Bueno, irá de candidato a senador y dirá que hay que votar al Partido Nacional y a Lacalle, porque la renovación del partido ya viene, sólo que hay que esperar unos cinco años más. Mientras tanto, para el pueblo, más impuestos, más pobreza y más emigración.
Hay un país que se termina: el de Lacalle, Sanguinetti y Batlle. Frente a esta realidad, por un lado, estamos los que queremos que se termine ahora, en este año electoral y por otro, están los que les van a firmar otro cheque en blanco, nuevamente, para que gobiernen cinco años más. Llámense Stirling o Larrañaga, si llegaran a ganar, quienes se pondrían la banda presidencial, quienes gobernarían realmente, como hasta ahora, son la 15, el Foro y el Herrerismo. Batlle, Sanguinetti y Lacalle. Tan simple como eso.
Si usted fue a la Curva, se lo digo yo y bien fuerte, ¡pica! Larrañaga suma con Lacalle Sanguinetti y Batlle. Después no se queje. *
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