¿Reactivación?
El año pasado, a medida que se conocían los resultados de empresas encuestadoras sobre intención de voto y a medida que esos resultados coincidían cada vez más en cuanto a pronosticar una victoria de la izquierda, algún politólogo afirmó que dicha tendencia sería imposible de revertir en el lapso de un año. Ello sólo podría ocurrir de producirse un verdadero milagro económico –hipótesis altamente improbable– o en virtud de una posible compulsión repetitiva que podría llevar a la izquierda a repetir errores gruesos.
Más allá de algunos episodios cuestionables, de pequeñas rencillas o diferencias de criterio, aparentemente las fuerzas nucleadas en torno a la Nueva Mayoría (EP-FA más Nuevo Espacio) han actuado –y siguen actuando– con sensatez y cautela. Por otra parte, el resultado del referéndum contra la Ley de Ancap significó un espaldarazo más que trascendente a las fuerzas progresistas, visualizadas como abanderadas de primera línea en la lucha por la derogación de la norma. La disidencia interna –notoriamente las posiciones discrepantes del senador Astori y su grupo– pasa a un segundo plano a los ojos del electorado, que tiene una innegable tendencia a volcarse hacia el partido político que se perfila como favorito.
De modo que del lado de la izquierda (y aunque es preciso limar asperezas y afiatar propuestas) no hay razones para inquietarse por un supuesto vuelco de las preferencias de la ciudadanía hacia opciones conservadoras.
Lo que sí aparece como un elemento nuevo (y capaz de suscitar para la izquierda la pérdida de electores que se inclinarían por los partidos tradicionales) es la tan mentada reactivación económica que empezó a verificarse desde fines del año pasado. Superada la crisis financiera de 2002 (caída de la bolsa, quiebra de instituciones bancarias, ahorristas estafados, devaluación, inflación, rebaja del salario real, desempleo, etcétera), los índices e indicadores macroeconómicos permiten hablar de una cierta recuperación.
Pero, ¿estamos realmente ante el milagro económico que podría revertir la tendencia favorable a la izquierda? La respuesta, obviamente, es no.
Aclaremos, en primer lugar, que seríamos los primeros en aplaudir una verdadera recuperación económica aun cuando ello implicara un éxito del gobierno. Sin embargo, los inocultables índices que señalan una mejoría se toman en cuenta respecto de los meses sombríos de 2002, cuando el descalabro llegó a su punto culminante. Y a nadie escapa que después de haber tocado fondo (que es lo que ocurrió en el «año terrible»), con muy poco se logra llegar a la reactivación, pues por tenue y mínima que sea la mejoría, si comparamos la situación con la debacle que nos llevó al pozo, los indicadores revelarán cifras sorprendentes. No hay que olvidar que la situación de deterioro que hizo crac en 2002 es el resultado de un largo proceso de destrucción del aparato productivo, de pérdida de fuentes laborales y de baja del salario. Para hablar de verdadera reactivación, se deberían tomar en cuenta los índices de empleo, de salario, de actividad económica general, que exhibía el país por lo menos a fines de los años ochenta, aunque en rigor, sería más adecuado tomar como punto de referencia el año 1968, cuando la predictadura pachequista se dio a la innoble tarea de hacer pagar la crisis a los asalariados.
Si se comparan la desocupación y el poder adquisitivo del salario de hoy con las cifras de entonces, nadie osaría hablar de recuperación. Por esa sencilla razón, vanos serán los esfuerzos del gobierno por lograr la adhesión del electorado; de poco valdrán las sonrisas del equipo económico o los exultantes anuncios oficiales: para el pueblo trabajador, para los asalariados y los desocupados, para los pequeños y medianos empresarios, la situación no ha cambiado. *
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