Participación e iniciativa
La semana anterior se presentó ante nosotros un grupo numeroso y representativo del trabajo nacional, a saber: Asociaciones de Colonos, de Cultivadores de Arroz, de Productores de Leche, Centro de Viticultores, Comisión Nacional de Fomento Rural, Confederación Granjera, Cooperativas Agrarias Federadas, Federación Rural, Intergremial de Productores de Leche, AEBU, Anmype y Federación de Cooperativas de Producción. Y nos propusieron a usted, a mí y, sobre todo, a nuestros representantes en el Parlamento una forma ordenada y centralizada para proceder a la recuperación de los créditos pesados del Banco de la República y de los bancos en liquidación.
La propuesta choca de frente con los propósitos expresados o insinuados por el Directorio del Banco Central, de juntar todos los vales, venderlos al mejor postor, o, en su caso, entregarlos a alguien para que cobre lo que pueda, como dé lugar, quedándose con una comisión suculenta.
La noticia sirve para sacudirnos y alertarnos de que la crisis bancaria del 2002, lejos de haber terminado, está presente y latente. Mientras que en el segundo semestre de aquel año hubo que encontrar una solución para lo más gordo (desaparición de millonadas pertenecientes a decenas de miles de depositantes, destrucción de dos mil puestos de trabajo, liquidación de los servicios bancarios en la mayor parte del territorio nacional, eliminación de la oferta de crédito bancario a las empresas y las familias), que consistió en la reprogramación de los depósitos en los Bancos del Estado, la creación del nuevo Banco Comercial, la instauración de las oficinas de liquidación de los bancos quebrados y el seguro de paro para los desempleados, hubo muchas piolas que quedaron sueltas: la situación del Banco de Crédito (que, juraron y rejuraron, abría «en los próximos días», hasta que el 28 de febrero de 2003 decidieron liquidarlo), la solución para la recuperación de los ahorros y por último, pero no menos importante realizar un proceso de recuperación de créditos sin afectar, más de lo que estaban, a los deudores.
La propuesta de las gremiales de la producción y el trabajo alerta respecto de la necesidad de distinguir, entre los miles de deudores, aquellos que se han fundido, de los que están boqueando pero todavía pelean, de los que necesitan una espera porque se están recuperando, de los que han especulado endeudándose, y de los que accedieron al crédito por favores políticos, nunca pagaron, ni piensan pagar.
Por su parte, la prisa del Banco Central acarreará ejecuciones masivas con pérdida de riquezas y puestos de trabajo, y una nueva sangría para las arcas del Estado, que será el último en cobrar y le corresponderá lo que quede, si queda, después de pagar a los demás. Esta pseudo solución lleva de la mano que en poco tiempo se dejará de hablar de la crisis financiera más grande que ha sufrido el país, porque muerto el perro se acabó la rabia. O, dicho de otra manera, liquidados los bancos, desaparecerán las huellas que permiten, todavía, conocer las causas de tanta conmoción.
El otro asunto que quiero comentar con usted es la efectividad y creatividad de la iniciativa de estas organizaciones sociales, que, partiendo del conocimiento cabal y completo de los problemas, porque representan a los que los viven y tienen mostrador, discuten, piensan y proponen desde una óptica nacional, soluciones útiles, beneficiosas para todos. Porque si les va bien a ellos, nos beneficiaremos los demás.
Es un ejemplo más de la importancia que tienen los encuentros entre los sectores del trabajo y de la producción a la hora de buscar soluciones. ¡Qué necesidad tenemos de que el gobierno y los partidos políticos representados en el Parlamento se remanguen, sin soberbia, para discutir lo que tanto estamos necesitando!
O, también: ¡Qué bueno sería que el gobierno tomara como norma discutir con los involucrados cada problema de magnitud nacional! ¿No le parece? *
Compartí tu opinión con toda la comunidad