Algunas puntualizaciones necesarias

Como blanco hoy me toca cruzar espadas con el periodista Daniel Rodríguez de LA REPUBLICA. En la contratapa del rotativo plural y bajo el título del «Gaucho Nevex» injustificada y gratuitamente agravia a Larrañaga. Candidato que no ha faltado el respeto, tanto que el propio Frente por sus ideas y conducta lo ha «dragoneado». Y les consta que él y su grupo, ganen o pierdan en noviembre, lo van a necesitar por ser el único con el que pueden dialogar ideológicamente de los partidos tradicionales.

La «bobera», dicho con el mayor respeto, no es aconsejable en política. Pero si se quiere guerra con los blancos, estamos acostumbrados a ella. Rodríguez: desde que tengo narices oigo a la izquierda decir que el sentimiento blanco y colorado, es obvio que sólo me interesa el blanco, está en estado de extinción. Los blancos tenemos 168 años desde su origen en Carpintería. Con algunos altibajos propios del transcurso por cierto largo del tiempo, ¡somos de los partidos más viejos del mundo! Siempre volvemos. ¿Y sabe por qué? Porque hicimos cosas útiles, entre otras, la patria misma. Ya lo he dicho, a veces la maleza ramplona inevitablemente puede llegar a ahogar al roble. Pero si las raíces son profundas, el «yuyaje» se muere solo y nuevos retoños aparecen siempre para remozar y dar vida al «tronco».

Los blancos pasamos por todo. Se fue a las guerras no por el poder mismo sino por principios del voto secreto, la representación de las minorías y moral administrativa.

Se abolió la esclavitud y se creó la Universidad. Se luchó contra los imperios y se defendió siempre la libertad.

Usted cita la condena al genocidio de Irak. Recuerda que el único partido que, manifiesto mediante, se opuso, por iniciativa incluso de Larrañaga, a ese genocidio imperial fue el blanco. Ustedes, frentistas, con alguna aislada excepción pero no como cuerpo político, se callaron la boca. Haga memoria.

Esa entre otras muchas son las raíces profundas que nos hacen sentirnos blancos. No siga con la «muletilla» soñadora de la extinción. Me temo que sufrirá de insomnio. Se pregunta, y es cierto, qué puede hacer Larrañaga cuando tenga que ir, pasado junio y llegado noviembre, con su progresismo de nacionalismo zurdo, junto a Lacalle. ¡No demuestre falta de imaginación! En todo caso, pregúntele a Tabaré lo que hará en noviembre con Astori, por ejemplo. ¿O me quiere hacer creer que Astori es de izquierda? Rodríguez: los vascos seremos tercos pero no idiotas. Si Adeom hoy a la IMM zurda le ocupa el 2º piso y los enloquece con paros, ¿qué pasará cuando sean gobierno? ¿No les sucederá lo que a Allende en Chile con el MIR? Es probable, no me extrañaría, que ambos, el Taba y el Gaucho, tengan que sentarse en algún boliche de la Teja o pulpería sanducera, vinito de por medio, para dilucidar qué carajo hacer. Saquémonos la careta.

Lo que a usted y a los suyos les molesta es que los blancos se renueven mostrando la tradicional vena progresista que tuvo el partido. Ejemplo: creación de las Cajas de Jubilaciones, ley de 8 horas, Contencioso Administrativo, aguinaldo obligatorio y demás etcéteras.

Muchos de los «originales» principios del Frente, como el impuesto a la renta, los blancos ya lo habían establecido en el primer gobierno de la década del sesenta. Cuando invocan la lucha antiimperialista, Oribe la ejercía y la prodigó a partir de Carpintería con la creación de su Partido.

No es Larrañaga quien se parece en sus dichos a Tabaré, sino Tabaré el que se identifica con viejas banderas blancas que siempre defendió Larrañaga desde sus inicios como edil en Paysandú. Las deducciones intelectualizadas que esgrime sobre la blancura del gaucho, con la historia solo, es obvio que no alcanza para hacer volver a los nostálgicos nacionalistas. Pero su quehacer parlamentario, el haber derrumbado a Bensión y la maldita coalición colorada a la que desde el principio se opuso, las soluciones aprobadas a los maestros y estudiantes, los enfrentamientos antiimperialistas como el genocidio de Irak y la correlativa «parada de carro» al embajador inglés (¿se acuerda?) son hechos que entre otros lo hacen creíble y confiable.

¿Estamos de acuerdo? Y en cuanto a su no poca «atrevida» sugerencia sobre la distracción del gaucho a contar los votos al Senado contra el Cuqui, se equivoca. No nos vamos a distraer con los votos al Senado solo.

Nos interesa más los que vamos a contar y festejar cuando ganemos la presidencia. ¿Le parece mal? *

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