Sanguinetti y De Posadas, un solo corazón
Mientras que el escribano Guillermo Stirling se comienza a probar como candidato, el doctor Julio María Sanguinetti, aspirante al Senado, enchastra la campaña electoral y enfila todos sus odios contra el doctor Tabaré Vázquez.
Sanguinetti, que sí se postula a ser el líder ideológico y la punta de lanza del bloque de la derecha, ha entrado en una angustia permanente, después de que no se atreviera, con las encuestas en la mano, a competir por la Presidencia de la República. Es que este demócrata for export que emociona con sus discursos a liberales distraídos del mundo (por lo menos hasta su apoyo a Aznar, a pesar de su vieja amistad con Felipe González), dentro de nuestro país se apresta a ser el pivot del partido de la vieja mayoría, cosa a la que está acostumbrado en tanto que desde el Poder Ejecutivo colocó a muchos integrantes de la dirigencia blanca, cada vez que lo quiso, al servicio del Partido Colorado.
Cada vez que habla Vázquez, se indigna, gesticula, finge amnesia o miente descaradamente. Pero particularmente se alarma cuando el presidente del EP-FA dice que una vez llegado al gobierno va a auditar al Estado, para conocer la situación de las finanzas y la situación de la ética. Es en esos momentos que Sanguinetti recuerda a sus soldados «caídos» no en acciones de guerra, sino por acción de la Justicia, que actuando libremente terminó procesándolos porque se sirvieron del Estado y no se colocaron al servicio de los uruguayos.
Su angustia es de tal magnitud que da la sensación de que el relato histórico lo utiliza sin ningún tipo de apego a la ética, alejándose de la verdad. Por eso, ante la propuesta de Tabaré Vázquez de poner en funcionamiento el Consejo de Economía Nacional (CEN) previsto en la Constitución de la República, no se le ocurrió otra cosa que decir: «Se trata (el CEN) de un vestigio de las épocas en que el corporativismo fascista estaba de moda». Todo porque ese Consejo fue incluido en la Constitución de Terra de 1934, lo que es una verdad, pero ocultando a la vez que fue conservado en todas las otras Constituciones que le siguieron, todas ellas aprobadas, redactadas e impulsadas por el Partido Colorado. Incluso la actual redacción del CEN es la Constitución de 1967, promovida y redactada, en muchos pasajes, por Sanguinetti. Tuvo, además, 71 años para eliminarlo, y no lo hizo. Y no lo hizo porque lo que realmente le duele y le molesta es que hoy haya una fuerza política como el EP-FA con vocación de diálogo y de entendimiento con todos los actores y fuerzas sociales del país. Esto es así porque el primer candidato al Senado por el Foro Batllista sigue entendiendo la política como un asunto cupular y de élites, ajeno al diálogo y amante del ejercicio del poder entre cuatro paredes, como ha demostrado con la reciente procreación del candidato presidencial del Partido Colorado, que fue alcanzada en la intimidad con el doctor Jorge Batlle, mientras los dirigentes del Foro y de la Lista 15 apenas podían observar lo que estaba pasando a través de la cerradura de la puerta.
Pero Sanguinetti tiene otro competidor en eso de transformarse en el ideólogo del bloque derechista que quiere frenar el acceso de Vázquez al gobierno, seguramente porque teme que la política tome cara y olor de pueblo. El poco tiempo que al doctor Ignacio de Posadas le queda entre atender a las decenas de extranjeros que se llevan nuestros dineros fuera de fronteras y sus negocios con las SAFI, a las que Vázquez también quiere controlar porque quiere impedir que sean utilizadas por los lavadores de dólares provenientes del trafico de drogas y de niños, lo emplea para atender los discursos del candidato presidencial del EP-FA. «Vázquez es ignorante y, por ello, peligroso», es ésa su muletilla permanente y sistemática, que repite como un viejo long-play, aquellos de pasta, rayado por el uso. Los inteligentes y confiables, para este señor, fueron en primer lugar él mismo, después Enrique Braga, Luis Mosca, Ramón Díaz y Alberto Bensión, por sólo recordar a algunos de los que llevaron a este país y a su pueblo a la ruina.
De Posadas, hombre de apellido patricio y de buenas costumbres a la hora del té, parece sufrir de una amnesia similar a la de Sanguinetti. Por ejemplo, no dice, porque se olvidó o porque lo oculta, que el Partido Nacional todo, y en particular el Herrerismo, son los responsables de que por estas tierras se instalaran a hacer sus negocios caballeros tan dignos como los hermanos Röhm. En octubre de 1990, el gobierno del doctor Luis Alberto Lacalle, cuyo ministro de Economía era Enrique Braga, vende el Banco Comercial a los Röhm. En julio de ese año, en la Comisión de Hacienda de Diputados, el equipo económico dijo sobre estos «inteligentes y nada peligrosos» hermanos: «Son inversores de lujo para el país». A la vez, en noviembre de ese año, Carlos Röhm fue designado presidente de la Asociación de Bancos del Uruguay y ¿casualidad? el colorado contador Alberto Bensión pasó a ocupar el cargo de secretario ejecutivo.
Posteriormente, porque la historia no termina aquí, se concreta la venta del Banco Pan de Azúcar a la empresa Banknord. El ministro de Economía era Ignacio de Posadas, porque Enrique Braga había pasado a presidir el Banco Central.
De Posadas de todo esto ni se acuerda o no quiere acordarse. Quizás Sanguinetti pueda a ayudar a De Posadas a recordar en qué condiciones dejó el país el doctor Lacalle, luego del carnaval electoral que desató para conservarse en el poder. Por ese despilfarro de los dineros públicos y por el afán fiscalista de los colorados, el Impuesto a las Retribuciones Personales trepó al 6% para aquellos que ganaran más de seis salarios mínimos. A pesar de que Sanguinetti dijo que iba a ser «transitorio», ese impuesto vive y lucha hasta hoy, a pesar de que blancos y colorados, para ganarle el balotaje a Vázquez, dijeron que lo iban a rebajar y hasta eliminar. Ni una cosa ni la otra, todo lo contrario fue lo que ocurrió. Ahora los legisladores blancos pueden acompañarnos en la minuta de comunicación que dirigimos al presidente Batlle, para que elimine de una vez por todas el IRP.
Sanguinetti y De Posadas son lo mismo, aunque vivan en barrios distintos.
Por eso se molestan al unísono cuando Vázquez le dice a los uruguayos que, si gana el gobierno, se termina la joda, que habrá transparencia en la gestión y diálogo con la sociedad. Los dos partidos tradicionales dijeron combatir el contrabando, pero apenas llegaron a las puertas de la mafia, y se dieron vuelta; Adolfo Gil Ribeiro se le escapó al entonces ministro Stirling, al igual que Juan Peirano, mientras que al doctor Lacalle le quitaron o se dejó quitar al mayor Armando Méndez, director de Aduanas, por haber anunciado que iba a ir a fondo, detrás de «los nódulos, a los ganglios del flagelo», que no eran otra cosa que llegar a los resortes del poder.
Solo, por fin, una recomendación: no se sigan enojando, porque se les nota. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad