¿Renovación de los partidos tradicionales?

Algunos analistas de la evolución política han pronosticado que en caso de triunfar en el Partido Nacional la lista presidida por el senador Jorge Larrañaga  y dada la supremacía que parece obtener el escribano Guillermo Stirling en el coloradismo- ambos partidos conseguirían presentar ante la ciudadanía una imagen renovada.

Yendo más lejos, ya en un terreno que linda con la temeridad, otros han sostenido que esa renovación terminaría por cerrarle el paso a la primera magistratura al Frente Amplio-Encuentro Progresista.

Resulta claro que, en caso de confirmarse, la salida de la primera línea de los doctores Lacalle y Sanguinetti permite a los viejos partidos ensayar nuevas fórmulas con figuras que no han sufrido el proceso de desgaste del desempeño del gobierno con resultados tan calamitosos para el país como ocurrió con los nombrados.

Sanguinetti y Lacalle, además, cosechan merecidamente los resultados de la decepcionante gestión de gobierno del doctor Batlle y personifican la unión de los partidos conservadores en torno al Presidente.

Los dos líderes, además, cumplieron un alto protagonismo en la defensa de la Ley de Ancap y aparecieron ante la ciudadanía como la expresión exasperada y exasperante del oficialismo a toda prueba.

En cuanto a las primeras insinuaciones en el terreno de los proyectos de país, de lo definido habitualmente como elementos programáticos, hasta el momento los nuevos candidatos arrancan con retraso. La apuesta, más que las definiciones precisas, parece situarse en el terreno de la imagen y el estilo diferente y especialmente diferenciado de los líderes de la generación anterior.

En este terreno, las propuestas que ha elaborado el Frente Amplio, y que su candidato a la Presidencia de la República ha venido resumiendo y exponiendo ante la ciudadanía, contienen mucha más carnadura desde la cual abrir un diálogo con la ciudadanía y tejer los vínculos que den forma al compromiso ante el soberano que supone el acto electoral.

Sin esas orientaciones estudiadas, escritas y enriquecidas en el diálogo con la gente, la acción política de base personalista y mediática asume rápidamente la forma de un nuevo caudillismo, una nueva personificación de las propuestas políticas que no es precisamente el camino de avance que se transita en las democracias más maduras.

Finalmente, hay otro elemento que es inseparable de estas reflexiones. Tiene que ver con una afirmación realizada en Durazno por el doctor Tabaré Vázquez: si tienen que gobernar, como obviamente tendrían que hacerlo, con los apoyos del sanguinettismo y de Lacalle, de la 15 y de Batlle, ni uno ni otro candidato de la renovación conseguirá avanzar en el camino de los cambios.

La conformación de los elencos es una determinación esencial. En el Estado moderno hay un conjunto de palancas dotadas de una enorme cuota de poder. Se trata no sólo de los ministerios, sino también de los directorios de los bancos estatales, especialmente el Banco Central y el BROU. De la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, de la conducción del sistema educativo público a través del Codicen, o de OSE, UTE y ANTEL, para nombrar algunas de esas palancas que pueden llegar a ser tan eficaces y que actualmente no lo son.

Un gobierno nuevo, sin compromisos con los sistemas de favores y privilegios largamente alimentados por los partidos en el poder. Un elenco calificado, políticamente coherente y a la vez sin el peso de las prácticas clientelísticas en las que naufragaron tantas buenas intenciones.

Todo parece indicar que la renovación de los partidos tradicionales apenas ha comenzado, y que para volverse realidad, y realidad eficaz, serían necesarias otras relaciones de fuerza que las que existen actualmente, cuando los viejos faraones de la partidocracia mantienen un elevado control sobre la conducción del partido. *

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