El aldabonazo argentino
Junto con la declaración de inconstitucionalidad de dos de los decretos que otorgaban el indulto a represores, la recuperación de la Escuela de Mecánica de la Armada en Argentina y la decisión de transformar sus instalaciones en un museo de la memoria constituye un episodio de alcance universal.
Colocados en el campo de lo simbólico, estos hechos conllevan la índole de trascendencia que en su momento tuvo el juicio de Nuremberg, después de la derrota de los responsables del más trágico genocidio del siglo XX, juicio que condenó a los criminales de guerra del nazismo y que instaló por primera vez en la historia la idea de la existencia de crímenes que por su índole eran un agravio a la condición humana.
Los hechos que ahora tienen como protagonistas privilegiados a los organismos de derechos humanos y al Presidente Néstor Kirchner y en el que vibra y se emociona la inmensa mayoría del pueblo argentino, tienen una dilatada foja de antecedentes. El impulso kirchneriano contra la impunidad y el olvido estuvo precedido de esfuerzos heroicos desde los tiempos de la dictadura.
La organización señera en esta lucha ha sido Madres de Plaza de Mayo y ellas, en su carne y en su sangre, además de la de sus hijos, pagaron con dolor y muerte el derecho a hacerse oír. Las primeras organizadoras de la lucha contra la desaparición forzada fueron ellas mismas secuestradas, pero el coraje se sobrepuso al terror y la lucha continuó.
Pocos hechos en América Latina permitieron desnudar tan a fondo la lógica perversa del «Estado terrorista argentino», como lo llamara, hace más de veinte años, el Dr. Eduardo Duhalde (que no tiene ningún lazo de parentesco con el ex presidente) ahora a cargo de la Secretaría de Derechos Humanos de la República Argentina. Digamos de paso que el jurista y magistrado Duhalde, exiliado desde 1976 en Madrid, fue un gran luchador por la vigencia de los derechos humanos en Uruguay a través de un organismo, formado por jueces y abogados de gran prestigio europeo, a través del SIJAU (Secretariado Internacional de Juristas por la Amnistía en Uruguay).
Frente a los pasos limitados pero importantes que se daban en Argentina, en esos años en Uruguay se afirmaba la impunidad, con respaldo de un sector blanco y de todo el coloradismo.. y del inefable oligopolio mediático.
Serán necesarios casi veinte años para que aparezca el tímido y escueto informe de la Comisión para la Paz, con su inevitable carga de frustración.
No solo en Argentina sino en el mundo han seguido avanzando las investigaciones sobre el terrorismo de Estado latinoamericano y su coordinación operativa a través del Plan Cóndor. Junto a la fundación de nuevas instancias jurisdiccionales, como el Tribunal Penal Internacional, surgido a partir del Tratado de Roma, se han desarrollado los pronunciamientos, la divulgación en la prensa y en los libros, como acaba de suceder en los Estados Unidos con la publicación del libro de John Dinges sobre la complicidad de los servicios de inteligencia norteamericanos con los crímenes del pinochetismo y de los regímenes militares de la década del 70 en el Río de la Plata.
El aldabonazo, expansivo mensaje de verdad y justicia que resuena hoy en Argentina tiene y tendrá para nosotros, los uruguayos, otras consecuencias bien precisas y concretas.
Para empezar la inconstitucionalidad de los indultos, ahora a estudio de la Suprema Corte de Justicia de nuestros vecinos, pondrá en funcionamiento el mecanismo de la extradición de los acusados de los secuestros en Automotores Orletti.
La aparición de nuevos elementos de juicio sobre las circunstancias del asesinato de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz hará girar también la noria en cuya parálisis se han amparado algunos (¿cuántos, quiénes?) dirigentes civiles del proceso.
Saberlo –y saberlo pronto– también será ilustrativo para nuestro pueblo. *
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