Alfie y la cizaña
Es evidente que el ministro Isaac Alfie, además de ser insensible en materia de partidas para todo lo que signifique gasto social, tiene alguna habilidad para sembrar cizaña señalando a media voz, coincidiendo con lo peor de la derecha política, que todavía el Encuentro Progresista Frente Amplio, no tiene propuesta económica.
Es una manera de ir sembrando dudas sobre el futuro del país demostrando con claridad que para Alfie la democracia tiene adjetivos. Para él democracia es el gobierno de la coalición de gobierno, o del Partido de sus amores y del que fue cómplice de las peores alianzas para aprobar todas las medidas destinadas a favorecer a las grandes empresas financieras multinacionales.
Ahora, gracias a haber tirado para adelante los vencimientos de la deuda externa, y a que los precios relativos favorables al país han destrabado la competitividad, el país registra un cambio en su tendencia recesiva. Según cifras oficiales, impulsados por las ventas al exterior de carne y de algunos sectores de la agricultura, la economía cambió de signo. Pero ese crecimiento que se mide en un 2,5% en el 2003 y estima el ministro que será el 10 por ciento para el corriente año, todavía, con excepción de los directamente involucrados, no se siente. La marginación de enormes sectores de la población, más del 20 por ciento, sigue presente y, pasada la temporada turística, la caída de la desocupación se ha revertido con nuevos pujos de mano de obra parada y un crecimiento de la solicitudes de seguros de desempleo.
Sin embargo el ministro, además de batirse el parche con un cinismo a toda prueba, sigue sugiriendo que lo que ocurrirá en el futuro es incierto. Claro, para él, es mejor la estrategia de algunos sectores que dijeron que desaparecería el IRP, y el mismo se incrementó; que caería la desocupación, y el proceso fue inverso. Podríamos seguir largamente enumerando, una tras de otra, las promesas preelectorales del gobierno colorado-blanco que ganó en la última elección, para comprobar que en ningún caso ello se cumplió.
Hubo que esperar más de cuatro años de flagelos sucesivos para que la actividad de Uruguay comenzara a repuntar, justamente en el año electoral. Con el dato divulgado de crecimiento del PBI de 15,8% en el cuatro trimestre de 2003 y con los ajustes leoninos de las cuentas presupuestales, recortadas a más no poder, el gobierno logró un cierre de ejercicio 2003 con un aumento del 2.5% del PBI.
Cifras al parecer reales pero que son producto de una distorsión de la economía que sigue castigando a los asalariados y, por supuesto, manteniendo congelado el gravísimo drama social que sigue viviendo el país agobiado por una marginalidad de más de 700 mil personas que son un explosivo caldo de cultivo para distorsiones sociales que los uruguayos no estábamos acostumbrados a percibir.
Vale, por supuesto, alertar a la opinión pública por este manejo todavía discursivo de algunos funcionarios que, para llevar agua para el molino de algunos sectores «tradicionales», siguen planteando un escenario falso, diciendo que el Encuentro Progresista-Frente Amplio no tiene planes suficientemente confiables para que se pueda esperar un gobierno medianamente acertado.
Claro, tras esas palabras, están los intereses de toda una maraña burocrática (cargos de confianza) enquistada desde hace años en el Estado, y cuya estabilidad peligra, porque es de buen gobernante analizar caso por caso y determinar responsabilidades de unos y otros. La del futuro gobierno será una lucha titánica contra los privilegios de todos los que fagocitan al Estado y, entre ellos, de quienes cumplen tareas dentro del mismo haciéndole el juego a los peores intereses multinacionales. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad