La impunidad uruguaya en la hora de Kirchner

Casi desde nuestros orígenes como estado independiente nuestro destino ha tenido una consonancia con lo que transcurría del otro lado del río. Las analogías en esas «vidas paralelas», que no excluyen los momentos de distanciamiento, se han ido acentuando a lo largo de tiempo.

El agravamiento de los conflictos, el aumento de la presencia policial y militar norteamericana en la región y el surgimiento de dictaduras que desarrollaron la nueva estrategia de la seguridad nacional que amparó el desarrollo del terrorismo de Estado, colocaron a Argentina y Uruguay en un plano similar. No solo en el alineamiento internacional sino en el plano de la represión interna y la construcción de un Estado represivo de nuevo tipo.

También las «salidas democráticas» dieron evidencia de procesos paralelos. A ambos lados del río se construyeron esquemas de impunidad y se apostó al olvido.

En los últimos meses el proceso político ha colocado al frente del gobierno argentino a un dirigente peronista con una disposición muy clara y firme de terminar con el «statu-quo» de la vergüenza, la impunidad y el silencio oficial.

Apenas asumida la primera magistratura, Néstor Kirchner se puso manos a la obra. Sus primeros pasos significaron golpes directos y eficaces contra los personeros del poder menemista en la Suprema Corte de Justicia, contra la cúpula militar hostil a los juicios a los represores y contra los mandos superiores de la policía responsables de atropellos cotidianos contra los derechos humanos.

A lo largo de los meses el avance sobre el ocultamiento y la depuración de las Fuerzas Armadas ha continuado sin prisa y sin pausa.

Eliminados los obstáculos impuestos desde arriba por autoridades judiciales sumisas ante el poder, los magistrados argentinos han empezado a actuar y han comenzado a aplicar las normas nacionales e internacionales que dan garantías a los individuos frente al poder discrecional del Estado.

Junto a la labor de la justicia ha cobrado nuevo impulso el reclamo de la sociedad civil de saber la verdad y avanzar hacia la justicia. Viejas y nuevas organizaciones de derechos humanos, como Madres de Plaza de Mayo, Hijos, asociaciones de ex detenidos, han relanzado una movilización que recobre a toda la sociedad argentina.

Los testimonios y las denuncias toman nuevo vigor. Una prensa analítica y que ha tomado partido contra la impunidad registra los nuevos aportes que favorecen una toma de conciencia cada vez más extendida.

La Marina de guerra hace pública una autocrítica formulada en términos muy precisos y severos. Unos días después será la Fuerza Aérea que formulará un reconocimiento y una desaprobación muy dura de lo actuado por el arma durante la dictadura.

El Presidente Kircher ha impulsado y apoyado toda esta efervescencia que sacude a la sociedad y la cultura argentina. La asignación del local de la ESMA para la construcción de un museo de la memoria es un gesto simbólico de una gran significación.

¿Qué importancia tienen estos episodios para los uruguayos?

Algunas muy directas y precisas. La declaración de inconstitucionalidad de los indultos de Carlos Menen dejan sin efecto el artilugio jurídico que impidió el juicio en Argentina de los principales responsables de la desaparición forzada de personas perpetrado en Orletti.

El avance de los juicios en la órbita de la justicia ordinaria, seguramente golpeará sobre las situaciones de algunos otros oficiales de nuestras Fuerzas Armadas. A esto habría que sumar el enorme peso moral que adquiere la verdad, el conocimiento por parte de nuestras sociedades de la gravedad de los crímenes cometidos. Si el gobierno uruguayo no hubiera asumido una actitud tan ciega y tan necia, si no fuera tan esclavo de los antiguos centauros de la represión, debería hacer lo propio en este baño de memoria y verdad que se impulsa del otro lado del río. *

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