El atentado
El mundo se postra inerme ante la barbarie criminal de unos y de otros. Estremece sólo el pensar en el criminal atentado de los trenes españoles. Que gente humilde que va a su trabajo diario y muchachos a estudiar, sin culpa de nada, encuentren una muerte sorpresiva, cruel y despiadada pagando por responsabilidades ajenas. Pienso que me hubiese tocado a mí, en algún hijo o nietito por ejemplo, y el escalofrío paraliza. Esto es real.
También me sume en pánico el pensar que ejércitos extranjeros de grandes potencias llámense yankis o españoles u otros, con la excusa de defender el «bien sobre el mal» o la «democracia» nos arrasen con misiles, helicópteros artillados y guerra bacteriológica exterminando a nuestros seres queridos para quedarse en el acuífero Guaraní por decir algo.
Y es obvio que los terroristas, si algún «gaucho» se le ocurriese pelear entre las «sombras», no serán ni árabes, vascos o irlandeses sino nosotros.
Hay hechos reales. La diferencia de fuerzas hoy es de tal magnitud entre los imperios y los países subdesarrollados o débiles que hizo desaparecer las conflagraciones tradicionales.
Me explico. Ya no hay guerras con ejércitos enfrentados con sus generales estrategas, tipo Napoleón ganando batallas románticas. Donde el valor, el ingenio, la audacia y la estrategia eran valores dados como legítimos.
Hoy por control remoto, se termina con un país. Incluso el exterminio masivo y frío adormece y disimula, propaganda mediante, las consecuencias.
O sea, es impensable que naciones pequeñas o débiles enfrenten en defensa de sus derechos legítimos las fuerzas imperiales. La única solución es o la guerrilla cuando geopolíticamente sea apta, caso de la existencia de selvas y pantanos impenetrables, ejemplo Vietnam o la Amazonia, o en su defecto la guerrilla urbana entre las «sombras» donde el atentado y el terrorismo campean con impunidad.
Es brutal y cruel, pero cierto. Es difícil y hasta imposible adivinar o descubrir masivamente quién puede y cómo hacer un atentado como el sufrido por los españoles. O sea, hay que concientizarse que los seres humanos y sus naciones deben respetarse en sus leyes, costumbres y derechos evitando dar motivos a la venganza o desquite.
No hubiese existido la destrucción de las Torres Gemelas si no hubiera habido una masacre previa en Afganistán e Irak, para quedarse con el petróleo árabe.
Los italianos no llorarían la muerte de sus recientes soldados si Berlusconi no se hubiese asociado a Bush en sus crímenes.
El señor Aznar culpando a diestra y siniestra como «palos de ciego» a quien primero odia sean o no responsables, y no defiendo a nadie en particular y sí culpo a todos en general, no se le ocurrió, asociándose a Bush para quedarse con el petróleo ajeno engordando a su Unión Fenosa de la que según los propios españoles es su principal dueño, que haría sufrir por mezquinas ambiciones a su pueblo que dice defender.
Cuando se invoca la ley y el orden como lo hace él, hay que empezar por respetar la de los demás como la soberanía de Irak, afgana, de los palestinos, de los kosovares, chechenos, vascos, irlandeses, etc.
Obsérvese que no hay terrorismo contra uruguayos, argentinos, luxemburgueses, brasileños, noruegos o similares. Ni a ningún ciudadano de esos países se le ocurre hacer terrorismo. No hay motivos. Los atentados son sólo contra yankis, judíos, españoles, italianos e ingleses. Concretamente.
En buen romance, los que promueven y realizan guerras imperiales amparados en la omnipotencia del poder, apoderándose de riquezas ajenas, ejemplo petróleo, y arrasando con soberanías y libertades, a sangre y fuego.
Tan terrorismo criminal fueron las Torres Gemelas y el Pozo del Tío Raymundo con sus trenes españoles como el que está sufriendo el pueblo palestino y su líder nacionalista Yasser Arafat o el más de millón de víctimas inocentes iraquíes que en dos inhumanos genocidios en menos de diez años se «fagocitó» la familia Bush, Powell, la Condoleezza, Dick Cheney, Sharon, Blair y también ayudó con eficiencia Aznar. Osama bin Laden es un criminal sin dudas al igual, dicen, que Saddam Hussein. A ambos los «fabricaron» los yankis con sus socios.
Y mientras les sirvieron vivieron en paz, sin molestias respaldados y financiados.
¿Quiénes son más asesinos? ¿Aquellos, éstos o todos?
Hoy lloramos solidariamente y debe ser así, las víctimas de los trenes españoles.
Seres humanos inocentes. Se hacen los homenajes justos y legítimos con el dolor correspondiente y las banderas a media asta con días de luto pertinentes.
Pero sería también de justicia, todos son seres humanos, haberlo hecho con igual dolor e indignación por los crímenes cometidos contra las víctimas de Irak, palestinos, kosovares, vascos, irlandeses, chechenos y si dejamos correr la historia, por los cientos de miles de hermanos latinoamericanos de nuestras patrias arrasados en las más de 70 intervenciones a sangre y fuego hechas por los yankis sajones y por los españoles imperiales inclusive. Sólo hubo un Ser a lo largo de la milenaria historia que puso la otra mejilla cargando un madero o cruz con una corona de espinas en la cabeza, por la salvación del hombre.
Así le fue. Claro, era el Hijo de Dios. Y por supuesto el único respetado y adorado que superó los tiempos. ¡Buena cosa sería acordarse más de él! Se llama Jesús. *
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