La democracia se realimenta a sí misma

«A Aznar le ocurrió lo mismo que les pasa a todos quienes mienten a los pueblos».

Jacques Chirac

 

Lo ocurrido el pasado domingo en España confirma el reaseguro que es para toda sociedad el sistema democrático de gobierno. Luego del atentado en los trenes de Madrid, catastrófica demostración de cómo el ser humano puede llegar a la locura homicida aplicando el terrorismo más descarnado para hacer pagar culpas a otros, la democracia se expresó de manera plena.

Un cambio que se produjo tan solo en 72 horas. Un ejemplo del valor de un sistema, quizás perfectible pero, a la vez, insustituble. Una verdadera vorágine de muerte, de seres humanos inocentes despedazados, como ocurrió el pasado 11 de marzo en Madrid, antes en las Torres Gemelas de Nueva York, o como sigue ocurriendo en Irak, Afganistán y otros «objetivos» de quienes acumulan las riquezas de los pueblos en beneficio de grandes corporaciones cuyos objetivos son insoportablemente inhumanos. Esa traslación de riqueza desde los países pobres a las corporaciones, tiene como único objetivo el poder que, en este mundo globalizado, trasciende lo humano para convertirse en una forma más de dominación imperial.

Sin embargo la vertiginosa reacción del pueblo español, rompiendo algún sector la apatía propia de una sociedad de consumo, sumó votos a la opción que llevó a la presidencia de España al joven dirigente, secretario general del Partido Socialista Obrero Español ( PSOE), José Luis Rodríguez Zapatero, un hombre de perfil menor, un intelectual con ideas claras, que ahora se convertirá en el primer mandatario en un país donde la riqueza ostentosa convive con bolsones de miseria en que, desgraciadamente para nuestros afectos, tratan de sobrellevar su existencia muchos de los que debieron emigrar de nuestro país tras sueños que hasta ahora se están convirtiendo en objetivos incumplidos y, por lo tanto, frustrantes.

La política que aplicará el PSOE desde el día que asuma Rodríguez Zapatero, tendrá, obviamente, otro perfil en lo solidario y otra formalidad. Hasta ahora el gobierno del derrotado José María Aznar, como en otras tantas cosas, desconoció tratados vigentes que nunca fueron denunciados, para dejar a miles de indocumentados en ese limbo donde la explotación y la desesperación se convierten en elementos imposibles de aceptar para la sociedad y, menos aún, para quienes debieron ver cómo partían sus hijos que eran expulsados por la miseria y la misma carencia de futuro en su propio país.

Pero volvamos al tema del mecanismo democrático que los españoles pusieron en marcha el pasado domingo, cuando comprendieron que el gobierno de Aznar, tratando de inculpar a ETA, ocultaba información y modificaba hechos que eran contundentes. La responsabilidad de Al Qaeda en la masacre desde las primeras horas parecía evidente, tratando de vengar con sus acciones terroristas las perpetradas por la coalición que agredió a Irak, encabezada por el gobierno de Bush, el recalcitrante representante de lo peor de la derecha norteamericana cuya estabilidad como presidente también peligra.

Aznar ordenó mentir porque decir la verdad sobre el reguero de pistas dejado por Al Qaeda podría determinar un contraste electoral. La consigna fue responsabilizar a ETA de la masacre, para unificar a los españoles en la indignación y el miedo, condiciones que siempre detonan un refugio en las posiciones más conservadoras. La evidencia de lo que estaba ocurriendo, para quienes vivimos fuera de España, fue fácil de percibir. Fue ostensible y vergonzosa la manipulación realizada por la Televisión Española que reiteró hasta el hartazgo la culpabilidad de ETA ocultando con una mecánica siniestra toda información sobre Al Qaeda. Obviamente, quienes movieron los títeres, estaban en su propio mundo, desactualizados sobre muchos temas, pero especialmente sobre uno fundamental: la rapidez de la información que llega al instante a todas las redacciones y a las computadoras de millones de usuarios que obtenían por otros conductos lo que el gobierno de Aznar les negaba. Los estrategas del PP olvidaron a Internet y, pese al poco tiempo transcurrido desde la acción terrorista del jueves 11 hasta el domingo siguiente, el cambio en la opinión volcó la elección a favor del PSOE, marcando a fuego a quienes, utilizando el más descarnado terrorismo de Estado, invadieron Irak, sin advertir que con esa acción criminal estaban poniendo en marcha resortes impensables de respuesta que, como en este caso, actúan sin atenerse en basamentos éticos de ningún tipo ni a quienes les importe el respeto de las vidas de los inocentes. Un criminal «ojo por ojo» de Al Qaeda, seguramente pensado cuidadosamente para tocar con una estocada a fondo al gobierno del PP, que fue respondida con la torpeza de un principiante. Que a último momento se hayan decidido a sufragar más de dos millones y medio de españoles que habían hecho de la abstención su forma de participación, mostró cómo la democracia, agredida, se realimenta a sí misma expulsando de los gobiernos a todos aquellos que mienten a sus pueblos.

Así lo hizo José María Aznar. *

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