Dos casos de falsificación mediática
En la página web de Globovisión (uno de los canales de TV venezolanos acoplados a la campaña sistemática contra el gobierno de Chávez) se publicó el 9 de marzo el siguiente texto, presentándolo como la traducción de un párrafo editorial de ese día del New York Times:
«En tanto el presidente Hugo Chávez continúe atacando las normas de la democracia constitucional de Venezuela, sus opositores están obligados a hacer lo mismo». Ahora bien, el párrafo aludido decía, en el idioma original, lo siguiente:
«As long as Mr. Chávez continues to abide by the rules of Venezuela’s constitutional democracy, his opponents are obliged to do the same».
Lo cual se traduce así: «En tanto Chávez continúe acatando las normas de la democracia constitucional en Venezuela, sus opositores están obligados a hacer lo mismo». (El verbo to abide significa acatar, defender, sostener, preservar, atenerse, etcétera).
El lector ya habrá percibido la falsificación en que incurrió Globovisión: cambiaron acatando por atacando; donde el periódico neoyorkino decía que Chávez acataba la democracia, ellos tradujeron que atacaba la democracia. Cambiaron el orden de dos letras, y con ello transformaron un concepto en su opuesto.
El NY Times agregaba a renglón seguido que «ellos (los opositores) no podrán invocar ningún mandato popular o legal para volver a los métodos inconstitucionales, como lo hicieron en 2002″. Ignoro si esta frase fue incluida en la página web del canal.
II) La tergiversación del gobierno español, de Aznar, Acebes y Rajoy sobre los atentados del 11 de marzo es digna de ingresar al libro de Guinness. Baste decir que el lunes debieron rectificar y pedir disculpas ante la ONU, a la cual le habían asegurado que la culpa recaía sobre ETA. Una vergüenza internacional sin precedentes, un baldón sobre el gobierno español que muestra su verdadera catadura en un final sin gloria.
Ahora se conocen nuevos hechos, que amplifican el campo de maniobras inescrupulosas y electoreras del gobierno.
El director del diario El Periódico de Barcelona reveló que a media mañana del jueves mismo le habló Aznar, y repitió la llamada por la tarde, para garantizarle que «sin lugar a dudas» ETA era la autora, lo que lo llevó a imprimir una edición especial titulada «El 11-M de ETA». Lo mismo hizo Aznar con una serie de medios de comunicación. Segundo hecho: también el jueves la canciller Ana Palacio instruyó a todos los embajadores en el mismo sentido y coaccionó a la ONU para que emitiera una declaración con ese contenido, por lo cual debió enviar el lunes la mencionada rectificación y pedido de disculpas en carta al Consejo de Seguridad. Tercer hecho: los manifestantes del sábado ante la sede del PP, que acusaban al gobierno por sus mentiras y ocultamiento de información, reclamaron a voz en cuello que la televisión pública TVE diera noticia de lo que allí acontecía, que no apareció en pantalla. El sindicato de ese medio acusó a la dirección del mismo de «censura», «vergonzosa manipulación», «falta de pluralismo», «falsificación de noticias» y «ocultación». Cuarto hecho: el Comité de empresa de la agencia EFE denunció «censura y manipulación para favorecer los intereses del PP en las elecciones», agregando que en la agencia se conocían los datos fundamentales de la conexión islámica ya en la mañana del jueves y se ocultaron a la opinión pública, y que se prohibió la difusión de declaraciones de dirigentes de la oposición, por todo lo cual reclaman el cese de los responsables.
De esta forma se defiende la libertad de prensa y el derecho a la información. Les cupo a los españoles rescatar el honor y la dignidad de su país en la votación del domingo, y poner en su lugar a los manipuladores. Más aun: renovaron la confianza en la especie humana, como dijo Serrat. *
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