Ejemplar condena a la manipulación informativa
«El resultado de las elecciones españolas cambió la tendencia. Hablamos del estupor, también nuestro, de ver un país golpeado horriblemente tres días antes, en lugar de replegarse automáticamente al orden, hizo un contundente razonamiento: nos golpean porque el gobierno nos metió en guerra contra Irak, una guerra que el 85 por ciento de nosotros no deseaba, y después de habernos tirado encima a la Jihad, por tres días trató de confundirnos sobre los autores del atentado. Y ese gobierno fue borrado de un plumazo«.
Rosana Rossanda, Il manifesto, 17 de marzo.
Como de costumbre, los conceptos de Rossanda dan en el blanco. Hay mucho tino y sabiduría en esta mujer italiana, en esta pensadora marxista original y valerosa. Sabe agregar: «Ni siquiera nosotros pensábamos ya que la opinión pública, envenenada de esa manera por el gobierno y la televisión, reaccionara con tanta lucidez y decisión».
La formidable derrota de Aznar permitió que rápidamente se difundieran los detalles de las múltiples formas de presión ejercida desde el Estado contra los medios, mintiendo acerca de los responsables de la masacre de la Estación de Atocha.
Varios de los responsables de los principales medios de comunicación han denunciado que recibieron llamadas directas del propio Aznar afirmando la autoría por parte de ETA, dando detalles –que después resultaron falsos– acerca de los explosivos utilizados, ocultando los resultados de las pesquisas policiales que ya se habían encaminado tras las pistas de alguna rama del terrorismo islámico.
La manipulación informativa del gobierno de Aznar entonces no se trata de la chambonada de un periodista con pocos escrúpulos sino de una mentira y un ocultamiento desde el Estado, desde las máximas jerarquías del sistema institucional y de los aparatos de inteligencia, información e investigación. Desde la autoridad que manda a la Policía y a las Fuerzas Armadas.
Y se realiza, la manipulación, teniendo como objeto de falsificación la autoría de un crimen horrendo, que dejó cientos de muertos y miles de heridos y sumió en la incertidumbre y el miedo a todo un pueblo. Es ese dolor y ese miedo el que se intenta hacer funcional a las conveniencias electorales del gobierno.
¿Con qué fin? El de asegurar el continuismo, el mantenimiento de la política belicosa en Irak, la alianza con los otros genocidas de un lado y otro del Océano Atlántico.
Para que España y los españoles permanezcan ocupando un país cuando no tienen derecho a hacerlo. Para continuar con una agresión contra un pueblo cuando no tienen derecho a hacerlo.
Según da cuenta Eduardo Pavlotzky en una nota publicada ayer en Página 12, el presidente de la Guardia del Ayuntamiento de Palma de Mallorca, Ederhard Grosske, acusa al ex presidente del gobierno José María Aznar de criminal de guerra por la acción bélica que emprendió sin tomar en cuenta la opinión del Consejo de Seguridad de ONU.
Cualquiera sea el destino final de esta justa acusación y del oscuro personaje imputado, el efecto de la elección española habrá sin duda de cruzar el Atlántico. Ya son varios los analistas que en los Estados Unidos han advertido la enorme significación del pronunciamiento del pueblo español.
Todo parece indicar que esta toma de conciencia sería el inicio de un proceso que culmine en noviembre próximo, cuando el pronunciamiento soberano del pueblo estadounidense le permita al mundo desembarazarse de la más perfecta encarnación contemporánea de la agresividad y del espíritu belicoso y genocida del hitlerismo.
Sería una digna culminación del pronóstico de Rossanda acerca del «cambio de la tendencia». *
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