Alardeando derrotas

La campaña electoral realza la esquizofrenia de los políticos actuales, integrantes de los tres partidos tradicionales que monopolizan (oligopolizan) el poder. Al incipiente capitalismo de Mujica, a la deliberada y expresa mimetización de Larrañaga con Tabaré Vázquez, viene a sumarse el liberalismo sin nombre de Luis Alberto Lacalle, padre.

En recientes declaraciones, el candidato del Herrerismo sostiene: que el gobierno de Batlle fue una gran desilusión; que es contrario al estatismo; que no se declara liberal; y que fue «más» eficaz que Batlle en el combate al estatismo, particularmente en lo que atañe a las empresas del estado.

Hasta hace 15 minutos, el Herrerismo era fiel aliado del gobierno de Batlle. El sayo de la desilusión le cabe a él, tanto como al Presidente. No recuerdo ningún desatino de la actual administración que no contara con el apoyo de los parlamentarios del Dr. Lacalle.

A título de ejemplo, cabe mencionar: la larga lista de impuestos creados y/o aumentados; la asistencia a banqueros inescrupulosos, duplicando la enorme deuda que pagarán los niños uruguayos de hoy, y sus hijos; la retención de depósitos en el BROU, capturando la magra platita de los últimos 20.000 indefensos que aún creían en el «Banco País»; la creación del Nuevo Banco Comercial (NBC), con sus 700 cargos públicos (y de los caros) agregados a la nómina de improductivos que pagamos los contribuyentes con dolor; la ultrajante ley de defensa de Ancap, denominada «de desmonopolización», en un eufemismo extremo hasta las lágrimas, o la risa.

Es bueno oír que Lacalle ha dejado de considerarse liberal. Hace tiempo que lo anuncia: recordemos que mencionó a la Cepal (la de Prebisch) en declaraciones no muy lejanas. Para reforzar que no es liberal, a la hora de citar eligió al líder comunista de China Popular, Deng Xiao Ping. Es sabido que China continental es el caso actual de neoliberalismo en el mundo. Esto es: medidas tendentes al libre mercado, en un contexto autoritario. Nada más opuesto al verdadero liberalismo.

Lacalle gobernó durante 5 años. Al final del período, nos entregó un estado más grande, más irritante, más costoso, más entrometido, incluyendo al ultrajante Pronade. Su único aporte al bienestar de los uruguayos fue abatir la inflación, aunque sustituyéndola por otros impuestos.

Ser más eficaz que Batlle es ser más alto que metro y medio. No es algo digno de alarde.

Lacalle, como candidato que es de uno de los tres partidos tradicionales, gobernó y planea gobernar para el estado, ignorando a los pobres uruguayos que pagamos.

El que se sabe contribuyente, el que quiere que el estado retroceda, que la regulación y los impuestos disminuyan, sabe que no debe votarlo. Uno juzga por los actos, no por las palabras. Por sus frutos los conoceréis. *

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