Entre brújulas y "brujuletas"
¿A usted nunca le regalaron una brújula? Perdóneme, pero no puedo creérselo. ¿Acaso usted quiere convencerme de que nunca nadie le regaló una miserable brujulita aunque fuese? ¿Ni siquiera una de esas chiquititas que caben en un llavero y cuestan 20 pesos?
Y perdone la pregunta: ¿cómo se las arregla para vivir desbrujuleado, es decir desnorteado, si me permite la comparación? ¡Ah no, m’hijo! Así no puede usted llegar jamás a buen puerto. Mire, es más, casi le diría que o se consigue una brújula o no le veo arreglo.
Y ya que de brújulas y desnorteados hablamos, ya que estamos, hombre que según cuentan es como mandado a hacer para regalar brújulas, el Yamandú, que dicen también que es el inventor de la «brujuleta», que no es otra cosa que una cruza, ¿vio? (Como quien casa burro con yegua para sacar una mula). Pero en este caso, la cruza es entre brújula que siempre apunta al norte y veleta que apunta para cualquier lado, según la mueva el viento.
¿Me entiende? De ahí viene que el hombre haya pasado su vida de esa forma, que hoy apunta al norte y mañana viene una correntada de aire y apunta al sur, pero pasado la brisa se hace más suave y apunta al oeste o al este, aunque para ese lado cada vez menos desde hace unos años en que casi no apuntaba para otro. Pero eso sí, el hombre no deja nunca de seguir la flechita.
Y dicen que ahora le ha dado por ponerse regalador de brújulas. Viniendo de quien vienen, va a ser más fácil perderse que encontrarse, como quien dice, al menos que nos preste su «brujuleta» que además dicen que cuando gira y gira, actúa como una especie de bobina de alternador que genera noventa voltios (¿o votos?, no me acuerdo bien) que alcanzan para andar «bigote pa’arriba» unos cinco años viviendo a costillas del Estado.
Por eso le decía. Si usted nunca tuvo una brújula, si es uno de esos pocos e infelices orientales desbrujuleados y desnorteados, véalo al Yamandú en el Ministerio, que hombre mejor encaminado que él no va a encontrar aunque lo busque con un farol sol de noche. Coherente, ¡pah! ¡como pocos!, siempre definido y como dice el gaucho «sin revés y sin derecho como el chiripá de apala», el hombre es algo así como una especie de ministro a bobina (¿vio?) , o sea alternador, como la brujuleta, hoy alterna aquí, mañana alterna allá y así entre alternada y alternada, se le va la vida. (Como decía mi madre -que Dios la tenga en su santa gloria- de una vecina que trabajaba de noche y usaba un escote hasta el ombligo). Que dicho sea de paso, no es que sea un ministro bovina, que en todo caso genéricamente hablando sería bovino, pero ni ahí tampoco.
Y si no me cree, fíjese en los diarios y verá que hace unos días visitó a Tabaré Vázquez y como lo vio tan desbrujuleado, desnorteado, sin saber hacia dónde se encamina, con tantas dudas en su definición política, tan inseguro de lo que quiere, en un gesto más que altruista, le regaló una brújula.
Pero lamentablemente esa brújula que le regaló a Tabaré, no va a servirle. Porque él y los que estamos allí desde siempre prendidos a la lucha popular, (como usted y yo, entre miles) ya tenemos brújula, pero la nuestra, no apunta más al norte. Apunta al Sur. *
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