El mercado que se avecina

El agotamiento del sistema de partidos no parece ser percibido por las direcciones políticas. Unos y otros apuestan a que su producto tendrá aceptación en el reducido mercado electoral. Los ciudadanos no son vistos como personas políticas sino como clientes potenciales o seguros. El sistema político en Uruguay crea, periódicamente, un poder adquisitivo.

Claro está. Es la pobreza resultante de una educación empecinada en la formación, por un lado, de expertos fuera de un marco humanista capaz de brindar sentido ético al saber que priva al ser humano de un escenario trascendente y no apenas práctico. Faltan convicciones vitales y no sólo lógicas, para arraigar la existencia en emociones más hondas que las que proveen la distracción y la adquisición de objetos. Por el otro lado, se ve a una masa angustiada, marginada de una sociedad que, cuando llega a la definición electoral, es objeto de una seducción innoble.

La democracia de las encuestas consuela a los partidos políticos, aunque sea el resultado de la opinión telefónica en una muestra de un centenar de interlocutores en un solo día. Los porcentajes son índices de ventas y de mercados susceptibles de ser conquistados. Como empresas en expansión que usan la promoción y la venta de puerta en puerta para colocar sus productos, los partidos políticos hacen lo mismo y sus «militantes» se dedican a recorrer casa por casa o «medio» por «medio», para obtener, no una alternativa de país, sino un voto más que se pueda canjear por cuotas de Poder en lo más alto del Estado nacional.

La crisis en la demanda no contrae la oferta, se reajusta el mercado para que el Poder se pelee y se reparta entre los políticos profesionales. La ciudadanía, de alguna manera, ha sido excluida explícitamente de la política. Después de todo, este comercio es para profesionales y no para aficionados.

Acorde con el modelo neoliberal, el ciudadano existe mientras mantiene su poder de compra, en este caso «política». El voto es la moneda fugaz por la que se pelean los mercaderes partidarios. Pero la importancia sólo dura un día. Previo a ese día, las campañas publicitarias se despliegan para obtener ese voto, para hacerlo número y capital en la bolsa de los partidos políticos.

La izquierda partidaria obtuvo no pocos ni pequeños logros en la lucha electoral. A su quehacer político, no sólo electoral pero también electoral, se le debe la apertura de nuevos espacios y puentes solidarios entre luchas de otro modo dispersas y solitarias.

La historia de la izquierda partidaria está llena de heroísmo, abundan las cárceles y las tumbas, pero también hay triunfos legítimos, autenticidad de banderas y vida consecuente.

Por ello, a esta altura, es bueno que valoremos lo que ocurrirá en octubre de este año, cuando llegue la hora de votar. La derecha vernácula habrá hecho todo lo posible para cuestionar a los candidatos del Encuentro Progresista, en un país que habrá profundizado su crisis; sin embargo blancos y colorados –como siempre lo hicieron– tratarán de hacer más apetecibles sus ofertas electorales para volcar la opinión por lo menos a la hora del voto a favor de las llamadas «divisas» tradicionales. Tratarán, obviamente, de disimular el desbarranque del modelo.

Será la hora de la verdad y también jugará el fracaso del modelo conducido por Jorge Batlle, pese a que se vivan veranillos de crecimiento, como ha ocurrido siempre al ponerse en marcha los «carnavales» electorales.

La oferta electoral neoliberal se mimetizará en candidaturas con discursos centristas, tratando de enganchar a incautos. Sin embargo los dados parecen echados. Gente grande, de veras grande se encuentra y lucha dentro de todo el espectro en que, a su vez, se divide la izquierda y su visión de desarrollo deberá imponerse a la pasividad neoliberal suicida.

Los uruguayos ya tenemos la experiencia de un país fundido. Hay que esperar que el mercado de ilusiones que se arma no enganche a muchos distraídos. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje